Cuando existía Templo en Jerusalem, el día siguiente al Seder, la comida nocturna de Pesaj, la Pascua hebrea, que recuerda la liberación de los hebreos de la servidumbre en Egipto, los judíos comenzaban a ofrendar al Templo, diariamente, un “omer”, una “medida” de cebada. En la economía agraria de esos tiempos, significaba compartir una parte de la cosecha de cada uno, para que el Templo tuviera comida para los sacerdotes, funcionarios y servidores del Santuario y para entregar a todos los necesitados. Esa ofrenda se presentaba durante 49 días seguidos (siete shavuot o semanas) hasta llegar en el día 50, a Shavuot, la fiesta que recuerda la entrega de Ley en el Sinaí.
¿Por qué contar día a día desde Pesaj, la fiesta de liberación del pueblo, hasta la entrega de la Torá? “Porque la libertad necesita Ley que la asegure”, dijeron los rabíes de la Ley hebrea. Los esclavos que se liberaron de la esclavitud en Egipto se convirtieron en Nación cuando recibieron la Ley en el Sinaí. Lo interesante es que aquí está el modelo que siguieron las naciones americanas al conseguir su independencia. Es un modelo tomado de la Biblia. A la liberación nacional sigue la Ley Fundamental de la nueva Nación. Así sucede con la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. En nuestro país, ya la anuncian las palabras de Artigas en el Congreso de Abril de 1815: “Es muy veleidosa la probidad de los hombres. Necesitan del freno de la Constitución para asegurarla”. En Uruguay, la declaración de la independencia nacional, fue seguida por las primeras leyes fundamentales de nuestro país, promulgadas por la Asamblea Constituyente en la ciudad de Florida, en los días siguientes al 25 de agosto de 1825.
Aunque el Templo ya no existe en Jerusalem, el pueblo judío sigue contando “los días del omer” después de la fiesta de Pesaj-Pascua. Con la esperanza puesta en que algún día, el Templo se volverá a reconstruir. Esos 49 días del omer se cuentan sobre el calendario. En hebreo, en que las letras del alfabeto se usan como números, el día “33” de esa cuenta se escribe con las letras “L” y “G”, se lee Lag. Lag baomer es el día 33 de la cuenta del omer.
¿Qué sucedió en esa fecha?
El Talmud, la redacción escrita de la jurisprudencia hebrea, es aquí testigo de la historia. Varias historias, en realidad, en esta nota sólo cuento algunas.
Rabi Akiva es el protagonista del primer episodio de Lag Baomer. Akiva tuvo tres esposas. La primera cuando era muy joven de ese matrimonio nació su hijo mayor, el que acompañó a su padre cuando Akiba, pocos días después de su segundo matrimonio, fue a aprender sus primeras letras en la escuela. Con Rajel, la hija de Ben Kalba Shavua, se casó a los cuarenta años, ella fue su segunda esposa. La tercera fue la viuda de Turnus Rufus, el gobernador romano de Judea, para este casamiento Akiba tenía alrededor de sesenta y siete años.
Por Rajel, Akiba se dejó amar. La dejó vivir a ella en la miseria mientras él se fue a estudiar Ley hebrea. Rajel vivió en la mayor pobreza, trabajando de lavandera mientras él estudiaba durante veinticuatro años. Y después vivieron juntos poco tiempo, no está claro cuántos años.
A su tercera esposa, Akiba la quiso desde que la conoció, cuando ella estaba casada con el gobernador romano de Judea, Turnus Rufus. Ella no era judía. Ya viuda y dueña de la enorme herencia del gobernador romano, se convirtió al judaísmo y se casó con Rabi Akiba. No vivió muchos años, Akiba quedó solo y se refugió en sus alumnos y el mundo esotérico de la Cábala. Creyó reconocer en el guerrero Bar Koseba al futuro Mesías de Israel, fue Akiba quien le puso del nombre de Bar Kojba, “el hijo de la estrella“. Y para ésta, su última aventura, al final de su vida, consiguió el apoyo de muchos miles de sus alumnos, de casi todos los segmentos de la población hebrea, incluso de muchos vecinos de los poblados árabes, que vieron en esa rebelión una real posibilidad de sacudirse el yugo romano. Demasiado tarde comprendió Akiba su error y se dio cuenta que Bar Koseba no era el esperado Mesías sino simplemente un guerrero que buscaba vencer a Roma. Para ese entonces, los habitantes de Judea que no habían muerto bajo las espadas romanas se estaban muriendo de hambre y sed en los sótanos o las cuevas en que estaban escondidos, sus esqueletos aparecieron a finales del siglo pasado en unas 600 cuevas descubiertas en el desierto de Judea, esas cuevas dejan ver que esa rebelión tuvo una amplitud e importancia que desconocíamos. Después del espantoso fracaso de esa rebelión, Rabi Akiba hubiera podido huir, pero se dejó detener por los romanos, aunque sabía que lo destriparían vivo. Esa era la cruel pena por el delito de sedición contra Roma.
Los discípulos que sobrevivieron a Rabi Akiba, no lo abandonaron hasta el final. ¿Cómo terminó su vida? En el pozo más profundo de su angustia, del que sólo pudo salvarlo la Fe. Murió recitando “Shemá, Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”, (Escucha Israel, el Señor nuestro D’os, el Señor es Uno), mientras los soldados romanos rompían su cuerpo con un peine de hierro.
Rabí Akiba tiene muchas facetas. Maestro de muchos miles, guía de cábala de pocos, sedicioso contra Roma, soñador con el Mesías, mártir de la Fe. Un episodio 1 se ubica hacia fines del siglo I e.c. Nos enteramos que en ese entonces, el estudio de la Ley Hebrea con los grandes rabíes atraía a muchos miles de estudiantes. No había libros donde leer la jurisprudencia hebrea, toda la enseñanza era verbal, los alumnos iban a escuchar a los maestros. El Talmud cuenta que rabí Akiba tenía 24.000 discípulos que lo seguían por las calles, para escuchar de su boca, las enseñanzas. ¿Qué enseñaba rabí Akiba? Las múltiples explicaciones de la Ley hebrea. En la calle y a todos, la jurisprudencia. En privado y a unos pocos alumnos elegidos, el significado místico de la Torá, la Cábala. La cábala era en ese entonces, una ciencia secreta.
Tantos eran los discípulos de Rabi Akiba que empezaron a discutir fuertemente entre ellos. No es difícil imaginar lo que sucedió. ¿Qué pasa hoy en día, cuando hay tanta gente que sabe o pretende saber más que el vecino? No se puede evitar que los ciudadanos discutan entre sí. El Talmud dice que los alumnos de Rabi Akiba discutían hasta tal punto, que perdieron el respeto uno por el otro. Como castigo divino, esos discípulos empezaron a morir de peste contagiosa.
Todos los discípulos rezaban y pedían al Señor que detenga la peste. A los 33 días después de Pascua, el día “lag baomer” la peste se detuvo y los alumnos que sobrevivieron lo atribuyeron a milagro divino. Desde ese entonces, “Lag Baomer” es día de fiesta hebrea. Es una mitzvá (deber religioso) alegrarse ese día. Los rabíes deducen una jurisprudencia de este relato del Talmud: La discusión no puede llegar nunca a perder el respeto por el contrincante, peor aún, en discusiones públicas, si uno empieza el camino de faltarse el respeto mutuo e insultarse, eso se convierte en “peste contagiosa”, dañina para todos.
1 Tratado Yebamot, folio 62b
Historias de Rabi Akiba para LAG BAOMER
11/May/2020
Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU