Recibimos al Dr. Henry Cohen en el Kabalat Shabat
El pasado viernes 2 de octubre tuvimos el honor de recibir al Dr. Henry Cohen, integrante del GACH y miembro de nuestra Comunidad, en el Kabalat Shabat.
Tras el reconocimiento otorgado por parte de la Comisión Directiva de la Comunidad Sefaradí, el Dr. Cohen se dirigió a todos los presentes con las siguientes palabras:
«Muchas gracias por invitarme a conversar con ustedes, gracias al rabino y a toda la comunidad por recibirme aquí nada menos que en este momento tan esperanzador que significa el comienzo de un año nuevo, renovados, tras lom Kipur y alegres con el comienzo de Sucot. Lo considero un gran honor, en especial por el nombre de este lugar sagrado para nuestra religión: Maimónides, médico, filósofo, rabino, teólogo y hombre de leyes, sabio apreciado por las 3 grandes religiones monoteístas.
Estamos viviendo un momento que nos da la posibilidad de empezar de nuevo, de elegir de nuevo y de hacerlo mejor y con más optimismo. Se trata de un tiempo en que tenemos la posibilidad de elegir ser nuestra mejor versión. Y si de decisiones hablamos, debo volver a mencionar a Maimónides.
Él destacaba la importancia de la responsabilidad humana por nuestras acciones y por el desarrollo de buenos hábitos, en contraposición a los malos.
«Cada uno de nosotros decide si hacernos eruditos o ignorantes, compasivos o crueles, generosos o miserables. Nadie nos obliga. Nadie decide por nosotros, nadie nos arrastra por un camino u otro. Somos responsables de lo que somos». Somos responsables de lo que somos. Qué sabias palabras. Y cómo resuenan en nuestros días, en nuestras vidas, en la de nuestra comunidad, en la de nuestra sociedad.
Hoy, tras 203 días del comienzo de la pandemia, evidenciamos quizás como nunca antes, el modo en que la responsabilidad de nuestras decisiones determina lo que somos. Si hoy, como uruguayos, podemos enorgullecernos de ser -y es importante aclararlo, hasta ahora- una excepción en la región y en el mundo, no es por fruto del azar, sino que es porque hicimos lo que debíamos que hacer.
Fue por ser libres, pero por hacerlo responsablemente.
Y ahondando un poquito más en la figura de Maimónides, me gustaría destacar que no solo nos guió con principios rectores sobre nuestro modo de actuar.
También, en su faceta de médico, nos adelantó qué debíamos hacer para mantenernos sanos: lavarnos las manos antes y después de comer, tomar el agua hervida y permanecer en sitios ventilados. Suena conocido, ¿no? ¿Se parece a lo que decimos los médicos cada día desde que empezó la pandemia? ¿Cuántas personas se hubieran salvado si hubieran seguido estos preceptos? ¡Y les recuerdo que el hábito de lavarse las manos por parte de los médicos comenzó casi 700 años después de Maimónides!
Es que son pautas que hoy recomendamos para enfrentar el mayor desafío que nos toca como humanidad, una pandemia de un virus prácticamente desconocido.
Que nos demuestra nuestro lugar en el mundo y ante la cual las palabras que dijimos hace pocos días cobran un significado implacable:
El pedido a Ado-nai de que nos ayude «a poner fin a la peste, la guerra y el hambre».
Si hay algo que aprendemos en estos tiempos es acerca de la unidad.
Y déjenme explicarles a qué me refiero:
• Una humanidad:
En un mundo dinámico, vertiginoso y que en ocasiones tiende al individualismo, esta pandemia reforzó el sentido de comunidad, a nivel global y local. Nos mostró del modo más evidente cómo la acción de cada uno de nosotros afecta al resto y cómo no podemos ser sin nuestra comunidad. En otras palabras, evidenció que nuestro bienestar depende de los demás y viceversa. Lo que hacemos impacta en nuestra familia y amigos sí, pero también en nuestros vecinos y en los países vecinos. También en los lejanos.
Por eso decimos que no vamos a estar del todo bien hasta que estemos todos bien, lo que enfatiza la importancia del uso responsable de la libertad.
• Una salud: salud humana, animal y medioambiental, concepto vigente hace muchos años.
Y tal como lo explica la OMS, se basa en que «muchos microbios afectan tanto a animales como a humanos cuando unos y otros viven en un mismo ecosistema. Los esfuerzos de solo un sector no pueden prevenir o eliminar el problema. Por ejemplo, la rabia en humanos solo se previene de manera eficaz actuando sobre la fuente animal del virus (por ejemplo, vacunando a los perros). La información sobre los virus de la gripe circulantes en animales es vital a efectos de la selección de virus para fabricar vacunas humanas contra posibles pandemias de gripe. Los microbios farmacorresistentes se pueden transmitir entre anímales y humanos mediante el contacto directo y mediante alimentos contaminados, de modo que para contenerlos de modo eficaz se precisa adoptar un enfoque coordinado en los ámbitos humano y animal.»
Esta pandemia revela la importancia de que incorporemos este concepto a nivel masivo para que se refleje en nuestro comportamiento y así podamos esforzarnos.
• Un ser humano, que aúna cuerpo y espíritu
Somos uno. Esto lo aprendemos en Medicina, cuando uno trata a un paciente, en mi caso, no trata un intestino. Muchas veces un problema aparentemente intestinal nace de una emoción o pensamiento.
Del mismo modo, el confinamiento voluntario para cuidarnos y cuidar a los demás del virus, así como la existencia misma de la pandemia tienen consecuencias no solo físicas, sino también espirituales.
Y yéndonos a la coyuntura, la unidad también se vio cuando los líderes de diferentes religiones pidieron lo mismo reunidos en Presidencia para ver cómo retomar las actividades. Por allá por junio, la unión interreligiosa, basada en asesoramiento científico y con el imprescindible apoyo político, permitió la reapertura de templos de todas las religiones.
Porque ellos entendieron que como personas, la salud espiritual es casi tan o hasta más importante que la del cuerpo o que, mejor dicho, una no es sin la otra. No hay salud del cuerpo sin salud del alma.
Y en este sentido, vale recordar que cuidar nuestro cuerpo es una mitzvá. Resulta clave ser responsable y adaptarnos a las normas de esta nueva normalidad, lo que me lleva a contarles una anécdota.
Antes de que el Sr. Presidente de la República nos convocara para asesorarlo para retomar actividades tras el surgimiento de la pandemia, estuve investigando, comunicándome con colegas de aquí y del exterior, conversando con mis hijos, desconociendo el rol que poco después me tocaría cumplir.
Fue gracias a eso que cuando, el 16 de abril nos reunimos por primera vez con e! Presidente, y que conste que esto lo cuento porque él lo relató en una entrevista en la televisión argentina, él mencionó el día después de la pandemia. Y allí -según lo que contó él- yo le dije que lo que les digo ahora. No va a haber un día después, el mundo como lo conocíamos cambió, estamos ante una nueva normalidad.
La pandemia nos puso a prueba y tuvimos que adaptarnos al cambio y el primero fue entender que este virus no iba a desparecer de un día para el otro, sino que teníamos que transitar hacia una nueva normalidad, es decir que nuestras vidas serían diferentes porque hasta que no hubiera una vacuna, tendríamos que convivir con el virus. Eso es lo que hicimos.
Los uruguayos nos adaptamos al cambio y entendimos que volver a la normalidad no era una opción válida por bastante tiempo y que, para acercarnos a ella, debíamos convivir con él, es decir, vivir en una nueva normalidad, en la que la higiene, el uso de tapabocas, la distancia física sostenida y la ventilación de los espacios son la vacuna que tenemos por ahora. Tal como nos lo enseñó Maimónides.»
Dr. Henry Cohen – 2 de Octubre de 2020
Henry Cohen en CISU
08/Oct/2020
Sefaradi.com.uy