Una gran amiga, de las comprometidas con causas justas y nobles, además de afamada periodista de nuestro país, nos ha regalado una hermosa historia que la llena, y nos llena, de orgullo.
En una entrevista durante su audición radial, Blanca se entera que el jurista uruguayo Eduardo J. Couture acogió en Uruguay, en el año 1938, a un prestigioso jurista judío alemán: James Paul Goldschmidt. Pongamos la historia en contexto, así podremos entender por qué colma nuestro espíritu.
Goldschmidt nació en Berlín el 17 de diciembre de 1874 en un hogar judío. El joven se dedica a estudiar Derecho y obtiene su doctorado con veintiún años el 26 de noviembre de 1895 en la Friedrich-Wilhelms- Universität de Berlín. Forma familia con Margarete Lange en 1906 y tienen cuatro hijos.
Goldschmidt opta por la vida académica, y en 1908 es designado Profesor extraordinario de Derecho Penal en la Universidad de Berlín. En 1931 es nombrado Decano. Su periplo decadente comienza con la asunción de Hitler al poder en 1933. Primero lo trasladan de universidad y en el ínterin no puede dar cátedra; pasa de Berlín a Frankfurt y luego a Berlín, hasta que en 1935 disponen su retiro con una jubilación indigna. También le impiden dictar cursos ni conferencias. Su única salida, y no con poca suerte, consistía en emigrar. Su familia se va desintegrando, viaja con el hijo mayor a Italia, luego otro hijo se traslada a Suiza y otro a España. James Paul logra, a través de sus contactos académicos, ubicarse en España y dar cursos en la Universidad de Madrid. Estalla la Guerra Civil Española y vuelve a huir, esta vez a Cardiff donde se encuentra con su hijo mayor. Para entonces, estaba acorralado en una Europa prebélica, donde se impondría el imperialismo nazi y estaba instalado el más temible antisemitismo.
Es en esas instancias, que le manda una carta al Profesor Eduardo Couture de la Universidad de Montevideo y le escribe líneas estremecedoras: «(…) conozco sus libros y tengo referencias de Usted. Estoy en Inglaterra y mi permiso de residencia se vence el 31 de diciembre de 1939. A Alemania no puedo volver por ser judío; a Francia tampoco porque soy alemán; a España menos aún. Debo salir de Inglaterra y no tengo visa consular para ir a ninguna parte del mundo»[1] Se trataba de un hombre que clamaba por su vida, atrapado en una red maléfica de discriminación y virulento antisemitismo a nivel internacional.
Que un jurista de la talla de Couture le haya abierto en forma inmediata las puertas de nuestro país, y de nuestra Universidad, en la cual alcanzó a dictar dos clases antes de fallecer el 28 de junio de 1940 preparando la tercera, es de una dimensión superlativa. En aquellos años, de norte a sur, en EE.UU. y en toda América, ya se habían dictado limitaciones inmigratorias posteriores a la Primera Guerra Mundial. En Uruguay rigieron entre 1930 y 1940. El interés era frenar la inmigración «exótica» (fundamentalmente judíos), así como de «antisociales» (como percibían a los comunistas). La «ley de indeseables» N.º 8.868 del 19 de julio de 1932, se amplió con decretos más restrictivos el 13 de octubre de 1936, en la nueva ley N.º 9.604. Recién se abolió formalmente en el año 2007.[2]
Sostiene la Cátedra de Historia del Derecho de la Universidad Nacional del Litoral, de Santa Fe, Argentina: «Sin duda alguna James Goldschmidt pertenece a los juristas más prominentes de su generación (…) [esbozó] construcciones conceptuales complejas fundamentadas sobre la ética y filosofía jurídica. (…) Ello lo tornó en un jurista original y sensitivo.»
Blanca Rodríguez realizó una entrevista muy fecunda al obsequiarnos con datos de este rescate, valiente y honorable de Couture, que no culminó ahí. Su hijo Robert Goldschmidt, también jurista, logró escapar con su madre a Córdoba, Argentina y dictar clases en la Universidad Nacional hasta 1951. Gracias a los contactos con Couture, fue contratado por la Universidad de Venezuela, hasta su muerte en 1965.
¿Cómo no habría de estar Blanca exultante de orgullo con este aporte? Aun dolida por quien le haya faltado el respeto por tener una vista corta de miras, debido a que habló de un jurista uruguayo y otro judío, aclaro que la puntualización es muy correcta. Un uruguayo le salvó la vida a un judío, prestigioso como él en ámbitos académicos, por el único hecho, precisamente, de «ser judío». Extraordinario lo de Couture. Ojalá que Goldschmidt hubiese tenido una vida prolongada para nacionalizarse uruguayo. Habría sido un compatriota más en el podio de los grandes hombres de nuestro país.
Roberto Cyjon. Ingeniero. Magister en Historia Política. Expresidente del Comité Central Israelita del Uruguay.
[1] Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe, Argentina. [Recuperado de: historiadelderechounl.wordpress.com]
[2] Cámara de Representantes, 11 de diciembre de 2007, Artículo 84. [Recuperado de: https://parlamento.gub.uy/documentosyleyes/…/repartido/…/46/…/pdf?…hl… (p.28)]
Gracias Blanca Rodríguez
05/Mar/2020
por Ing. Roberto Cyjon, ex Presidente del CCIU