Por Egon Friedler
“¿Quién tiene el derecho de decir que en treinta o en cuarenta años Francia no va a ser un país musulmán? ¿ Quién tiene el derecho en este país de detener este proceso? El autor de esta declaración es Marwan Muhammed, vocero del Colectivo contra la Islamofobia de París.
Un video en YouTube recoge las declaraciones de un islamista británico: “Lo que le decimos al presidente Francois Hollande es que los musulmanes en todo el mundo no descansarán hasta que el Islam domine Francia, hasta que el Islam domine el mundo entero. El Islam no solo dominará Malí, Afganistán y Africa, sino también Francia e Inglaterra.”
Los métodos para llegar a este fin no son precisamente los de un proselitismo sistemático y paciente. El l de enero de 2013, el Ministro del Interior francés, Manuel Valls, anunció que un total de 1.193 automóviles y camiones fueron incendiados en Francia en la noche de fin de año. Asimismo señaló su indignación por un informe de Radio Francia según el cual cada año son quemados unos 40.000 coches. La responsabilidad por estos actos criminales no es un secreto. Es casi totalmente, responsabilidad de jóvenes de los llamados “banlieues” (barrios periféricos de las ciudades francesas) de origen musulmán.
Si bien no existen datos oficiales, se estima que más de la mitad de los reclusos en las cárceles franceses son jóvenes de origen musulmán. Debido a esta desproporción y a la superpoblación carcelaria, estos jóvenes son presa fácil para los reclutadores de guerras santas.
Entre otros muchos incidentes cabe citar el caso de Alexandre Dhaussy, un converso al Islam de 22 años, que atacó al soldado Cédric Cordiez mientras estaba de patrulla en el barrio de La Defensa en París y lo hirió en el cuello. El atacante dijo que actuó en nombre de su ideología religiosa y que quería atacar a un representante del estado. Son frecuentes los casos en que se producen disturbios cuando los representantes de la ley intentan verificar la identidad de mujeres musulmanas cubiertas con velos. Por ejemplo, en julio del año pasado, centenares de musulmanes en Trappes, un suburbio situado a 30 kilómetros al sudeste de París, provocaron desórdenes que duraron tres días luego de que la policía intentara chequear la identidad de una mujer musulmana que utilizaba un niqab (velo que cubre el rostro) en público.
Toda crítica al Islam o a islamistas provoca reacciones airadas. La publicación satírica “Charlie Hebdo” publicó una caricatura del profeta Mahoma y sufrió las consecuencias. En noviembre de 2011 su oficina en París fue destruida en un ataque incendiario.
Otro medio para acallar a críticos del Islam es la denuncia judicial, que aunque muchas veces no da resultados, desalienta a quienes se atreven a criticar el separatismo y el sentimiento de superioridad de los musulmanes respecto a los franceses. Por ejemplo, el periodista francés Ivan Rioufol objetó una campaña de la organización “Colectivo contra la Islamofobia en Francia” en la que proclamaba “Nosotros somos la nación”. A su juicio, de ese modo se pretendía presentar a Francia como un país musulmán, lo que violaba el espíritu secular de la república. Para la organización litigante esa crítica constituye “un libelo y un insulto público especialmente agravado e incitación al odio, la discriminación y la violencia racial”.
Como reacción a toda esta ofensiva, el clima de la opinión pública francesa es cada vez más radical contra una tendencia que pretende imponer valores arcaicos, extraños a la historia y la cultura de Francia. En una encuesta publicada el 24 de enero de 2013 en el diario “Le Monde” un 74% de los franceses consideró al Islam “intolerante” e “incompatible” con los valores franceses. Otra encuesta, publicada por “Le Parisien” el 25 de marzo, indicó que la mayoría de los franceses estaba a favor de la prohibición de la burka que se puso en práctica en abril de 2011. En mismo sondeo de opinión, el 86% de los franceses se manifestó a favor de una legislación que prohíba todo clase “símbolos de afiliación religiosa y política”en escuelas y jardines de infantes.
Consecuentemente crece la molestia de la opinión pública frente a los intentos de gobiernos y partidos franceses de ceder a las presiones del lobby islamista y de contemporizar con sus reclamos, cada vez más audaces.
Por ejemplo, recientemente el diario “Le Figaro” reveló el contenido de un informe encargado por el Primer Ministro Jean Marc Ayrault, que recomendaba una serie de medidas destinadas a complacer a los defensores del islamismo, que incluían el cambio de la curricula escolar y la prohibición de señalar el origen étnico de autores de actos criminales. En una primera instancia, el Primer Ministro dijo que se preocuparía de implementar las medidas propuestas cuanto antes, pero ante las airadas denuncias de la oposición, cambió de actitud y dijo “que recibir un informe no implica aún que éste sea política del gobierno”.
Francia amenazada: El siglo VI contra el siglo XXI
10/Ene/2014
La República, Egon Friedler