Desde 1960, el mar Muerto ha perdido un
tercio de su superficie y su nivel sigue bajando un metro por año.
¿Utilizar el agua del mar Rojo para evitar
que el mar Muerto se seque y al mismo tiempo producir agua potable? El
ambicioso proyecto «canal de la paz», lanzado por Jordania, Israel y
los palestinos, está más cerca que nunca.
«Solo el mar puede llenar el
mar», estima Musa Salim al Athem, que viene a arar sus campos de tomate a
orillas del mar Muerto. Nacido en 1953, este campesino jordano vio cómo las
aguas azules se retiraban al pasar los años, dejando un paisaje lunar de
cráteres y esculturas naturales de sal.
«Antes de 1967, el agua estaba a diez
minutos a pie de mi casa, ahora, está a una hora», cuenta.
El mar Muerto, con aguas altamente saladas
y bordeado de montañas color ocre, podría desaparecer. Desde 1960 ha perdido un
tercio de su superficie y su nivel sigue bajando un metro por año.
Las culpables son la explotación intensiva
de potasa, que acelera su evaporación, pero sobre todo la disminución del
caudal del río Jordán, cada vez más explotado por los dos países que lo
bordean, Jordania e Israel.
«Desde 1950, el caudal del Jordán ha
caído de 1.200 millones de metros cúbicos a menos de 200 millones»,
explica Frédéric Maurel, ingeniero de la Agencia Francesa para el Desarrollo
(AFD).
Un desastre para el mar Muerto y sus
ribereños jordanos, israelíes y palestinos.
El sueño de Theodor Herzl
Con su barro que tiene propiedades
medicinales, su salinidad excepcional, sus reservas de potasa y su atractivo
turístico, «el mar Muerto (…) en un tesoro inestimable», señala
Avner Adin, especialista israelí del agua.
No han faltado las ideas para evitar su
desaparición. Hacia 1900, el padre fundador del sionismo Theodor Herzl ya había
imaginado un canal que lo alimentara desde el Mediterráneo.
Pero finalmente se escogió un proyecto de
acueducto que partirá del mar Rojo y que será construido íntegramente en
territorio jordano, en colaboración entre israelíes, jordanos y palestinos.
El proyecto, firmado en 2013, prevé la
extracción de 300 millones de metros cúbicos de agua que serán desalinados en
una planta en Aqaba, en el sur de Jordania, para obtener agua potable, escasa
en la región. Los residuos originados por la desalinización serán transferidos
al mar Muerto, 200 km más al norte, a través de un acueducto.
Esto no será suficiente para estabilizar
los niveles del mar Muerto, pero será un inicio para frenar su desaparición,
apunta Frédéric Maurel, encargado del proyecto para la AFD. «Pero también
sería necesario utilizar menos agua, tanto en la agricultura como en la
industria del potaso», advierte.
Este plan fue completado en febrero 2015
con un acuerdo israelo-jordano que prevé ventas recíprocas de agua. Jordania
suministraría agua potable al sur de Israel, y el norte de Jordania recibirá a
cambio agua del lago de Tiberíades.
‘Último empujón’
Queda pendiente el tema del financiamiento
de esta asociación público-privada, estimada a 1.000 millones de dólares, de
los cuales 400 millones provienen de fondos públicos.
Varios países, incluyendo Estados Unidos y
Japón, han prometido una donación de 120 millones. La AFD creó por su parte un
grupo europeo de donantes (España, Francia, Italia, Unión Europea y el Banco
Europeo de Inversiones) dispuestos a otorgar a Jordania créditos de 140
millones a una tasa ventajosa.
«Nunca antes habíamos estado tan cerca
de su concretización, falta únicamente un último empujón», señala Maurel.
Para una fuente diplomática en Amán,
«este proyecto es clave para los países de la región», aunque
«depende mucho de los vuelcos diplomáticos».
Por ejemplo, en julio pasado, las
discusiones quedaron totalmente congeladas tras la muerte de dos jordanos a
manos de un agente de seguridad israelí en la embajada israelí en Amán.
Volvieron a arrancar apenas hace unas semanas, después de que Israel pidiera
disculpas en enero.
Pero para Avner Adin, el principal
obstáculo podría ser financiero. Israel, que debe aportar 140 millones de
dólares, no ha confirmado aún su compromiso.
Amán está determinado a avanzar, con o sin
Israel. Este país, que está entre los cinco más áridos del mundo, está también
sometido a una fuerte presión que hace que aumenten sus necesidades en agua ya
que desde 2011 acoge a cerca de un millón de refugiados sirios, 15% de su
población.
«Es un tema de seguridad
nacional», explica el secretario general de la autoridad jornada del agua,
Iyad Dahiyat. «Nuestras aguas subterráneas están sobreexplotadas, la
desalinización del agua es el futuro de Jordania. Para nosotros este proyecto
es esencial».