El «Schindler Iraní» que salvó a judíos de los nazis

22/Dic/2011

Brian Wheeler, BBC News. Traducción: Bettina Mordetzki

El «Schindler Iraní» que salvó a judíos de los nazis

Según un nuevo libro, miles de judíos iraníes y sus descendientes le deben sus vidas a un diplomático musulmán en los tiempos de un París asediado por la guerra. “Bajo La Sombra del León” (“In The Lion’s Shadow”) cuenta cómo Abdol-Hossein Sardari arriesgó todo para ayudar a sus compatriotas escapar del régimen Nazi.Eliane Senahi Cohanim tenía siete años cuando huyó de Francia junto con su familia. Recuerda aferrarse con fuerza a su muñeca preferida y permanecer tan inmóvil como podía, pretendiendo dormir, en los momentos que su tren se detenía en un puesto de control nazi.“Recuerdo que en cada lugar, mientras huíamos, nos pedían nuestros pasaportes, y recuerdo a mi padre entregándoselos y ellos los miraban. Y luego nos miraban a nosotros. Daba miedo. Daba mucho, mucho miedo.”La Sra. Cohanim y su familia eran parte de una pequeña y cercana comunidad de judíos iraníes viviendo dentro y en los alrededores de París.Su padre, George Senahi, era un próspero comerciante textil, y la familia vivía en una grande y cómoda casa en Montmorency, aproximadamente a unos 25 km. norte de la capital francesa.“Temblando”Cuando los Nazis invadieron, la familia Senahi intentó escapar a Teherán, ocultándose por un tiempo en la campiña francesa, antes de ser obligados a retornar a París, ahora completamente bajo el puño de la Gestapo.“Recuerdo su actitud. La manera en la que caminaban con sus botas negras. Sólo mirarlos en ese momento era aterrador para un niño, creo», evoca la Sra. Cohanim, hablando desde su casa en California.Como otros en la comunidad Judía iraní, el Sr. Senahi buscó ayuda en la figura del joven a cargo de la misión diplomática en París.Abdol-Hossein Sardari fue capaz de proveerles a la familia Senahi con los pasaportes y documentos de viaje que precisarían para un camino seguro a través de la Europa ocupada, una travesía de un mes que aún así no estaba exenta de peligros.“En las fronteras, mi padre estaba siempre temblando mucho,» recuerda la Sra. Cohanim, pero agrega que él era “un hombre fuerte» quien le daba a su familia una “gran confianza de que todo saldría bien.»Un héroe inesperado.La abuela de 78 años ha vivido los últimos 30 años en California, con su esposo Nasser Cohanim, un banquero exitoso. La Sra. Cohanim no tiene duda a quién ella y su hermano menor Claude le deben sus vidas.“Recuerdo a mi padre siempre contando que era gracias al Sr. Sardari que habíamos podido salir.”“Mis tíos, tías y abuelos vivían allí en París. Fue gracias a él que no fueron heridos.”“A aquellos que no contaban con él, se los llevaban y nunca volvías a escuchar hablar de ellos.”Dice del Sr. Sardari: “Pienso que era como Schindler, en ese tiempo, ayudando a los judíos en París.”Como Oskar Schindler, el industrialista alemán que salvó más de 1.000 vidas judías durante el Holocausto,tomándolos como empleados en sus fábricas, Sardari fue un héroe poco común.En su libro “Bajo La Sombra del León”, el autor Fariborz Mokhtari presenta a un soltero y “bon viveur” quien inesperadamente se encontró a la cabeza de la misión diplomática de Irán al comienzo de La Segunda Guerra Mundial. Aunque oficialmente neutral, Irán estaba entusiasmado por mantener su fuerte relación comercial con Alemania. Tal arreglo le convenía a Hitler.La máquina de propaganda Nazi declaró entonces a los iraníes como una nación aria y racialmente equivalentes a los alemanes.De todas formas, los judíos iraníes en París sufrían amenazas y persecución y eran muchas veces identificados por informantes a las autoridades.En algunos casos, la Gestapo era alertada cuando niños judíos recién nacidos eran circuncidados en el hospital. Sus aterrorizadas madres eran obligadas a reportarse en la Oficina de Asuntos Judíos para recibir el parche amarillo que todo Judío era forzado a usar en sus ropas, junto con sus documentos sellados con su identidad racial.Pero Sardari usó su influencia y contactos alemanes para eximir de las reglas raciales Nazis a más de 2.000 Judíos iraníes, y posiblemente otros, argumentando que no tenían relación sanguínea con los Judíos europeos.También fue capaz de ayudar a muchos iraníes, incluidos miembros de la comunidad Judía, a volver a Teherán al otorgarles los nuevos pasaportes iraníes que necesitarían en su viaje a través de Europa.Un cambio del régimen en Irán en 1925 había llevado a la introducción de nuevos pasaportes y documentos de identidad. Muchos iraníes residentes de Europa no los tenían, mientras otros, que habían contraído matrimonio con extranjeros, no se habían preocupado de conseguir pasaportes iraníes para sus parejas o hijos.Cuando Gran Bretaña y Rusia invadieron Irán en Setiembre de 1941, la tarea humanitaria de Sardari se tornó más peligrosa.Irán firmó un tratado con los Aliados y Sardari fue ordenado por Teherán a volver a su hogar lo más pronto posible.Pureza Racial.Pero aún luego de ser destituido de su posición e inmunidad diplomática, Sardari decidió permanecer en Francia y continuar ayudando a judíos iraníes, bajo riesgo considerable hacia su propia seguridad, utilizando dinero de su herencia para mantener su obra.El cuento que hilvanó a los Nazis, en una serie de cartas y reportes, era que el Emperador Ciro de Persia había liberado a exiliados judíos en Babilonia en 538 A.C, y ellos habían vuelto a sus hogares.De todas formas, dijo a los Nazis que en algún punto un pequeño número de iraníes se sintieron atraídos por las enseñanzas del Profeta Moisés, y estos Mousaique, o Seguidores Iraníes de Moisés, a quienes denominó “Djuguten”, no pertenecían a la raza Judía.Utilizando todas sus dotes de abogado, explotó las contradicciones internas e idiosincrasias de la idelogía Nazi para obtenerles trato especial a los “Djuguten», como el material de archivo publicado en el nuevo libro del Sr. Mokhtari demuestra.Investigaciones de alto nivel fueron iniciadas en Berlín, con “expertos” en pureza racial convocados a dar su opinión sobre si esta secta iraní – que el libro sugiere bien puede haber sido un invento de Sardari mismo- eran judíos o no.Los expertos no llegaron a un compromiso y propusieron que más fondos serían necesarios para tal investigación.Muerte Solitaria.Hacia Diciembre de 1942, los ruegos de Sardari llegaron a los oídos de Adolf Eichmann, el Nazi a cargo de asuntos Judíos, quien, en una carta publicada en el libro del Sr. Mokhtari, los rechazó como “los típicos trucos e intentos Judíos de camuflarse».Pero Sardari logró de alguna manera seguir ayudando a familias escapar de París, en un tiempo cuando un estimado de 100.000 Judíos eran deportados desde Francia hacia campos de muerte.El número de pasaportes en blanco en la caja de seguridad de Sardari es estimado de haber sido entre 500 y 1.000. En su libro, el Sr. Mokhtari sugiere que si cada uno fue emitido para un promedio de dos a tres personas “esto podría haber salvado a más de 2.000 individuos”.Sardari nunca buscó ningún tipo de reconocimiento por su labor en su vida, insistiendo que sólo había estado haciendo su trabajo. Sufrió una muerte solitaria en Croydon, sur de Londres, en 1981, luego de haber perdido su pensión de embajador y capital en la revolución iraní.Fue postumamente honrado por su tarea humanitaria en 2004 en una ceremonia celebrada en el Simon Wiesenthal Centre de Los Angeles.El Sr. Mokhtari espera que mediante su libro, y los testimonios de sobrevivientes como la Sra. Cohanim, la historia se pueda expandir hacia un público más variado, y también destruir las “concepciones erróneas populares» sobre Irán y el pueblo iraní.“Aquí tienen a un musulmán iraní que hace todo lo posible, arriesga su propia vida, definitivamente arriesga su carrera y propiedad y todo lo demás, para salvar a compatriotas iraníes”. “No hay distinción, ‘Yo soy musulmán, él es judío o lo que sea.’”Cree que la historia ilustra la “inclinación cultural general de los iraníes hacia la tolerancia”, la cual es muchas veces pasada por alto en vistas del presente clima político.