El New York Times y el Sionismo

08/May/2017

PorIsrael, por: Julián Schvindlerman (The Times of Israel)

El New York Times y el Sionismo

El modo en que el New York Times trató dos
tragedias marítimas durante el período del Mandato Británico sobre Palestina
podría ser una introducción esclarecedora
a propósito de su posición editorial ante el sionismo, el hogar nacional
judío y las penurias de los refugiados judíos europeos.
En noviembre de 1940, el buque Patria se
hallaba amarrado en el puerto de Haifa con más de 1900 refugiados judíos huidos
de Europa. Los británicos no permitieron su desembarco en Palestina y planeaban
enviarlo a la isla Mauricio, entonces una colonia inglesa. El Hagana, la
milicia oficial sionista, intentó sabotear la expulsión de los inmigrantes
ilegales al poner una bomba en el barco. Un error en el cálculo de los explosivos
hundió al buque y a más de 250 refugiados. El hecho dejaba mal parados a los
sionistas. El Times publicó la noticia en la tapa. Quince meses más tarde, en
febrero de 1940, el buque Struma se hundía en el Mar Negro con sus 768
refugiados judíos adentro; uno sólo sobrevivió. Fue la más grande tragedia
civil ocurrida en altamar durante la Segunda Guerra Mundial. Debido a
desperfectos técnicos, el barco se había visto forzado a desviar su trayecto de
Rumania a Palestina hacia Estambul. Los británicos se negaban a aceptar la
carga humana en Palestina, los turcos no la querían en su país y decidieron
remolcar el buque maltrecho y dejarlo abandonado a la deriva. A las pocas horas
se hundió. El hecho dejaba mal parados a los británicos. El Times dedicó apenas
cuatro párrafos a la noticia de un “buque del Mar Negro” en la segunda página
del diario. En contraste, el Washington Post publicó un editorial sobre el
tema.
El Times no era precisamente un fanático de
la causa sionista y dio amplia cobertura a aquellas noticias que la dañaban. En
el verano boreal de 1943 comenzó en Jerusalem el juicio a dos judíos y dos
soldados británicos acusados de haber contrabandeado armas a Palestina. El
enviado especial del Times a cubrir el evento era Alexander Sedgwick, un estadounidense
pro-británico que creía que los sionistas querían un estado “basado en una
filosofía no diferente a la de los nazis” según escribió en una carta enviada
al dueño del NYT. El título de una de las varias notas dedicadas al asunto fue
“Vasto anillo con grandes recursos vinculado a la Agencia Judía en el juicio a
los contrabandistas”. La comunidad judía norteamericana no podía salir de su
estupor. El mismo diario que estaba enterrando las noticias sobre el genocidio
judío en Europa en lo profundo de sus páginas, se estaba enfocando en un caso
de contrabando de armas a Palestina. Para ponerlo en perspectiva: unos pocos
meses antes había ocurrido el levantamiento del gueto de Varsovia, en el que
miembros de la resistencia judía pobremente armados pelearon durante más de
tres semanas contra tropas nazis hasta que fueron aniquilados. Fue una épica
extraordinaria; menos para el Times. Tuvieron que pasar seis meses antes de que
el diario dedicara un editorial al dramático acontecimiento, y cuando lo hizo, no
mencionó siquiera que judíos habían estado involucrados, refiriéndose a ellos
simplemente como “personas”.
Del mismo modo, en su edición del 2 de
marzo de 1944, el diario publicó en la página cuatro -entre otras trece
noticias, y escondida dentro de un envío noticioso general desde Londres sobre
la realidad europea- un llamado desesperado de la judería polaca al mundo: “En
nuestro último momento antes de la muerte, los remanentes de la judería polaca
apelan a la ayuda al mundo entero. Que esta, quizás nuestra última voz desde el
abismo, llegue a los oídos de todo el mundo”. En la portada de aquél día en el
NYT se podía leer, junto a información general sobre la guerra, una noticia
acerca de un trámite burocrático que los automovilistas debían hacer. La noticia
sobre del exterminio inminente de los últimos judíos de Polonia merecía
atención secundaria para los editores del Times. Sin embargo, cuando judíos
palestinos hicieron campaña en Estados Unidos a favor de la formación de
milicias judías para combatir a los nazis, y lograron el apoyo parcial de la
Cámara de Representantes en 1942, el NYT publicó un editorial criticando la
iniciativa y al sionismo en general, alegando que provocaría un levantamiento
árabe y denunciando que tal idea haría que los aliados terminaran favoreciendo
un estado judío en Palestina. Este fue uno de tan sólo dos editoriales
principales publicados por el Times sobre asuntos judíos durante todo el
período de la Segunda Guerra Mundial.
El dueño del New York Times en esta época
era Arthur Hays Sulzberger, un judío de ascendencia alemana que rehusaba
definir a los judíos como un pueblo más allá de conformar una religión. “No
necesitamos otra unión más que el Shemá Israel” decía. Rechazaba el término
“judíos estadounidenses” y prefería “estadounidenses de fe judía”. “Mi trabajo
es mostrar cabalmente que yo no suscribo a la tesis de que ´todos los judíos
son hermanos´” escribió en una carta a un rabino anti-sionista. Ayudó a establecer el Consejo Americano para
el Judaísmo, un movimiento de judíos reformistas que se manifestó públicamente
-en medio del Holocausto- contra “el esfuerzo de establecer un Estado Nacional
Judío en Palestina o en cualquier lado”. En una misiva enviada a un juez se
declaró orgulloso de “desenmascarar la malignidad de la propaganda sionista”.
Tras visitar Palestina en 1937 escribió un ensayo, sobre el cual comentó su más
ferviente crítico público, el rabino sionista Abba Hillel Silver: “Es de por
cierto revelador del tormento y la confusión mental tan característico de este
tipo de judío”. En 1942, Sulzberger
viajó a Inglaterra donde propuso al Ministro de Relaciones Exteriores Eden y al
Secretario Colonial Cranborne unir Irak, Siria y Palestina en un único estado
árabe que absorbiera la inmigración judía y se evitara de esta forma la
soberanía hebrea. Se reunió también con Winston Churchill, con quien quiso
discutir sobre Palestina pero, según relató posteriormente el propio
Sulzberger, el Primer Ministro británico lo interrumpió: “Sé que usted no es un
sionista, pero yo lo soy”.
Líderes, rabinos y periodistas judíos en
Estados Unidos protestaron enérgicamente por el comportamiento de Arthur
Sulzberger y el Times. The New Palestine tachó a los integrantes del Consejo
Americano para el Judaísmo de ser “enemigos internos del pueblo judío”; William
Cohen en The New Frontier acusó a Sulzberger de “padecer las enfermedades
judías del auto-odio y la auto-destrucción”; anunció el rabino Joseph Shubow
desde el púlpito: “Culpamos también al New York Times por su ignorancia y descaro”;
el ya citado rabino Silver lamentó que el Times fuera “el único diario
americano que se ha puesto como misión una lucha contra el sionismo”. Algunos
lectores cancelaron suscripciones. En cartas privadas y públicas, Sulzberger
ventiló su fastidio con estos cuestionamientos, equiparando a sus críticos
sionistas con los nazis: “muchos de los nacionalistas judíos piensan, tal como
lo hace Hitler, que debiera haber lugar sólo para una opinión, la de ellos”, y
“Yo me opongo a las tácticas de Goebbels así estén confinadas a no a la
Alemania nazi”. Hay muchas razones por las que Sulzberger no debió hacer estas
analogías, pero una en especial: por un tiempo la bandera nazi flameó en la
fachada del edificio que albergaba las oficinas del Times en Berlín. La puso
allí alguien a quien el diario le alquiló un espacio. Pero aun así.
En medio de tanto desconcierto, cabe citar
la existencia de al menos un reportero del Times que desafió al diario por su
política editorial. Ray Brock fue sacado como corresponsal en Medio Oriente
bajo presiones inglesas y el Times rehusó enviarlo a Yugoslavia, como él había
pedido, para no ofender a Londres. De regreso en Estados Unidos dio discursos
contra Gran Bretaña y el New York Times, al que acusó de carecer de objetividad
y veracidad. Cuando desde el gobierno le pidieron que se callase, Brock
respondió por cable: “seguiré diciendo exactamente lo que carajo se me antoje”.
Increíblemente, retornaría a trabajar al diario en el futuro.
En la actualidad, este diario influyente es
muy crítico de Israel y más regularmente que no pone en evidencia su sesgo
pro-palestino, como hizo unas semanas atrás al publicar una nota de opinión de
un terrorista palestino encubriendo su pasado sangriento. La triste verdad es
que el Times ha estado en guerra con la idea sionista por un largo tiempo.