El Frente Amplio e Israel

09/May/2014

Correo de los Viernes, por Dr. Julio María Sanguinetti

El Frente Amplio e Israel

Correo de los Viernes, por Dr. Julio María Sanguinetti
Uruguay ha tenido una política tradicional con relación al Estado de Israel, desde 1948, en que el gobierno uruguayo presido por Luis Batlle Berres batalló para su creación hasta alcanzar la célebre decisión de Naciones Unidas que engendró dos estados, el judío y el árabe. Desgraciadamente, éste fue rechazado por los países árabes y hasta hoy convivimos con ese conflicto, generado estrictamente por la intransigencia islámica.
El problema es que desde que llegó el Frente Amplio al poder, esa política de invariable defensa del Estado de Israel ha ido cambiando. En el período del Dr. Vázquez no solo se toleraron las agresiones verbales del gobierno de Irán y sus representantes sino que se desarrollaron relaciones que fueron más allá de lo diplomático y comercial. Es más, cuando el Presidente de Irán proclamó que debía desaparecer Israel, nuestra cancillería de la época —a cargo del Ministro Gargano— emitió un comunicado en que no había un claro rechazo a esa afirmación reñida con los tratados del que es parte el Uruguay y con las más profundas convicciones nacionales. Lo mismo ocurrió en 2006, cuando Israel enfrentaba la agresión de Hamas y el pronunciamiento oficial de nuestra cancillería no contenía una palabra sobre el terrorismo, que lanzaba miles de misiles sobre las poblaciones israelíes cercanas a Gaza, esa región que Israel devolvió unilateralmente sin que esa concesión aportara nada a una mejoría en las relaciones bilaterales. A la inversa, fue tomado más como un acto de debilidad que de contribución al avance de la paz.
Podríamos seguir la enumeración con los votos en Naciones Unidades, cambiando posiciones tradicionales del Uruguay, pero baste con lo dicho. Ahora se añade una visita del canciller Almagro a Palestina, que le lleva a declarar que al unirse Hamas y Al Fatah, ahora se está en las mejores condiciones para una negociación de paz. ¿Cómo decir esto cuando esta alianza supone que, de hecho, Al Fatah se hace cómplice de la decisión de Hamas de terminar con Israel?
Mucho peor aún: el canciller afirma que la eventual negociación “resuelve prácticamente el 80 por ciento de los problemas de todo el Medio Oriente y del Norte de Africa”. ¿Qué tiene que ver Israel con el conflicto de Siria? ¿O con la situación dictatorial en Egipto? ¿O con la locura iraní por poseer armamento atómico, que ha merecido condenación universal? Aun sin quererlo, es incurrir en el viejo estigma de que los judíos son responsables de cuanta desgracia hay en el mundo.
Por cierto, no llama la atención esta actitud cuando Uruguay votó con entusiasmo en Naciones Unidas el reconocimiento del status de Estado a la autoridad palestina, que lejos de facilitar un diálogo, notoriamente lo ha perturbado, porque mientras de un lado se encuentra el reconocimiento, del otro se sigue manteniendo la misma intransigencia que declara la muerte de Israel.
Ante estas afirmaciones el Comité Central Israelita realizó una visita al Ministro Almagro, en la cual expresó su disgusto ante esas declaraciones. De esa reunión no salió rectificación alguna de las afirmaciones del canciller, por lo cual lo dicho, ahí queda como expresión oficial de nuestro gobierno.
Sin duda es preocupante la situación, pero —insistimos— no es novedosa. Viene desde que el Frente Amplio llegó al poder. Tanto los Ministros Gargano como Almagro son ejecutores de una política que se abriga en vastos sectores de la coalición de gobierno. Por cierto, no son todos, pero el hecho es que ellos condicionan la actitud del gobierno y se expresa en esa actitud. Con error, alguna gente piensa ingenuamente que el responsable es el Ministro Almagro. No es así, la responsabilidad política recae en todo el Frente Amplio, donde anidan esos sentimientos contrarios a Israel y la tesis de que no son “antisemitas” pero sí “antisionistas”, tratando de aludir así a la conducta del gobierno israelí, que naturalmente tendrá aciertos compartibles y errores cuestionables, como cualquier otro gobierno. El tema va mucho más a la profundidad: el antisemitismo niega el derecho a la igualdad del judío en la sociedad; el antisionismo niega el de Israel a convivir en la comunidad de naciones. Son dos caras de la misma medalla e idéntica raíz. Y por más que se quiere edulcorarlo, ahí están los hechos.
Nos parece bien que el Comité Central Israelita proteste. Pero la cuestión es de toda la ciudadanía y quienes hemos batallado la vida entera por la existencia pacífica de Israel, por el reconocimiento de los dos Estados y por el diálogo permanente, no podemos callar frente a esta conducta complaciente ante el terrorismo y a los negadores de la existencia de Israel. No es un reclamo de los judíos compatriotas sino del conjunto de los uruguayos que creemos de verdad, y sin fisuras, en el derecho de todos a vivir en paz y libertad.