El Estado Islámico irrumpe en el fútbol

07/Oct/2014

El Mundo, España

El Estado Islámico irrumpe en el fútbol

No sucede en todos los
partidos ni se contagia a todos los espectadores, pero hay un pequeño segmento
de la juventud árabe que con sus gritos y banderas negras tiende a trivializar
el terror. A veces hasta los jugadores contribuyen a ello.
De sopetón, en pleno
estadio de Sousa (Túnez), un grupo de jóvenes despliega en agosto una bandera
gigantesca del Estado Islámico. De golpe, algunos de los seguidores del equipo
Raja Athletic Club de Casablanca dan vivas en septiembre al Estado Islámico
mientras hacen cola para acceder al campo. Nunca Al Qaeda cosechó tales
aplausos en público.
El fenómeno empezó en
primavera y, pese al salvajismo demostrado por la organización terrorista en
verano, aún persiste. La erradicación de las minorías cristiana y yazidí del
norte de Irak; el asesinato en Siria de dos rehenes estadounidenses y de un
británico etcétera no les ha hecho desistir.
El equipo Étoile Sportive
du Sahel, de Sousa, una ciudad al sur de Túnez, rindió el 6 de abril, antes de
empezar el partido, un homenaje a uno de sus hinchas, Maher Magmagui, que murió
tres días antes en Siria cuando luchaba en las filas del Estado Islámico.
Magmagui, que componía
canciones en apoyo de su equipo, formaba parte de un violento grupo de fans
autodenominado Brigadas Rojas. Uno de los jugadores, Baghdad Njayah, volvió
incluso a recordar al difunto tras marcar el primer gol del partido.
Este homenaje es
interesante ” porque demuestra hasta qué punto la yihad en Siria es ahora un
banal fenómeno de sociedad”, escribió poco después David Thomson, autor del
libro Tunisie, la tentation du jihad (Túnez, la tentación de la yihad). Este
pequeño país del Magreb es, de todo el mundo árabe, de donde más combatientes
han partido rumbo a Siria e Irak: unos 2.500, según el Ministerio del Interior.
Marruecos figura en segundo lugar con unos 1.200.
Sin que fuera necesario
hacer ningún homenaje la bandera negra del Estado Islámico ha irrumpido también
en las gradas que ocupan los jóvenes más broncas de otros estadios tunecinos
como Rades, El Menzah etcétera.
El fenómeno parece
empezar a propagarse a Marruecos. El lunes pasado fue colgado en las redes
sociales un vídeo en el que un grupo de seguidores del Raja Athletic Club de
Casablanca, que esperaban el domingo para acceder al campo, corean en árabe [a
partir del segundo 44] las siglas del Estado Islámico al mismo tiempo que
aplauden. Después gritan sonrientes al unísono “¡Alá es el más grande!” y
“¡Vayamos a hacer la yihad!”.
Como ya sucedió en Túnez,
la prensa marroquí reprueba la actuación de los jóvenes. A ojos del diario
Libération es “chocante”. Es “una broma de mal gusto”, asegura el semanario Tel
Quel, que subraya que se trata de un “acto aislado”.
¿Cuántos de estos jóvenes
hinchas tunecinos o marroquíes saben que su deporte favorito ha desaparecido de
las tierras que controla el Estado Islámico del autoproclamado califa Aboubakr
el Bagdadi? La guerra no permite ahora jugar ningún campeonato, pero la
doctrina del califato es la misma que la del Afganistán de los talibanes: jugar
al fútbol es haram(pecado). No hay nada pernicioso en dar patadas a un balón ni
está prohibido por el islam, pero se trata de un deporte occidental y, por
tanto, debe de estar prohibido.