El día en que mi madre me subió al Kindertransport

07/Jul/2014

Enlace Judío, México

El día en que mi madre me subió al Kindertransport

Enlace Judío: Cuéntanos
un poco de tu vida
“Bueno, yo nací en Viena
en 1930. Mis padres, ambos murieron en el Holocausto nazi. Recuerdo mi infancia
en Austria, era un niño feliz, mimado y consentido por mi madre. Antes de
iniciar la guerra asistí a la escuela de gobierno que quedaba a 10 minutos de mi
casa. Mi vida era tranquila, como la de la mayoría de los niños de la ciudad.
Una vida amable, donde íbamos al parque, a pasear, a jugar con amigos y niños
de mi edad.
Cuando mis padres se
casaron, compraron un departamento en el centro de la ciudad en el que nací,
cinco años después. Mi papá se casó a los 41 años y mi mamá a los 23; 18 años
de diferencia, que significaban un mundo para mi padre. Él no sabía qué hacer
para contentar a mi mama, la amaba tanto.
Salí de Viena a los 6
años y regresé a los 28 en el año de 1958, cuando la guerra había finalizado.
Es impresionante cómo a mi regreso, logré recordar todos los detalles, calles y
lugares. Pienso que Viena está relacionada al recuerdo de mis padres, aun hoy y
después de tanto sufrimiento, sigo enamorado de mi ciudad.
En 1930, Europa contaba
con una gran comunidad de judíos, muchos de ellos en altas esferas de la
sociedad. Fueron épocas de gran crecimiento intelectual y económico. Grandes
pensadores, universitarios, científicos y banqueros como el caso de Rothschild.
No logro entender cómo llegaron los Nazis a Austria, el emperador Francisco
José apoyaba mucho el crecimiento intelectual, el estudio y la ciencia.
Apreciaba a los judíos”.
EJ: ¿Qué le pasó a tu
familia?
PK: “Un día de diciembre,
salí de casa sin saber que ese iba a ser el último día con mi madre. Mi Papá no
estaba en la casa, él trabajaba en Francia de forma ilegal. Nadie sabía lo que
estaba por suceder, las amenazas contra judíos comenzaban, aun así mi madre no
salió de Viena, a ella le enseñaron a no rebelarse contra la autoridad.
Fue en el año de 1942,
tras la conferencia de Wannsee, en la cual cambiaron los métodos de trabajo de
la SS. La urgencia por ganar la guerra y terminar con el pueblo judío los
orilló a adoptar nuevas políticas. Se crearon masivas y modernas técnicas de
aniquilación, la creación de las Fábricas de la Muerte.
Ese mismo año, mi madre
recibió un comunicado que indicaba que todo judío iba a ser despojado de su
casa. Para los Alemanes Nazis era inconcebible que un judío tuviera un
departamento tan grande y lujoso.
Toda esta información la
sé gracias a los Centros de Comunicación creados en Viena y distintas ciudades
europeas. Estos Centros son financiados por Yad Vashem y gracias a ellos es que
conozco la historia de mi familia”.
EJ: ¿Recuerdas este día
de diciembre, qué fue lo que pasó?
PK: “En el año del 42
comenzó el caos, se agudizó el antisemitismo. Mi padre tenía una tienda donde
vendía telas, entre ellas sedas. En ese entonces no existían las tiendas de hoy
en día, las personas confeccionaban y personalizaban sus trajes.
En la Noche de los
Cristales Rotos, los nazis destruyeron los aparadores de la tienda de mi padre.
En la calle había gente con armas gritando, corriendo y destruyendo los
establecimientos de los judíos, perdimos gran parte de la mercancía.
Tres días después, en la
ciudad entera, las calles seguían sucias y destruidas. Ese mismo día llegaron 4
oficiales, clausuraron la tienda y colgaron una manta que decía “Ya puedes
comprar en esta tienda la cual hemos avisado”. La tienda se la había quedado un
notario. No se nos permitió la entrada nunca más”.
EJ: ¿Cómo fue el día que
te fuiste en el tren?
PK: “Mi mamá se enteró
del programa en la comunidad Judía de Viena. La información era poca, el tren
lo organizaba la Cruz Roja Internacional autorizado por la Gestapo, sólo
autorizaron el viaje de 400 niños de 6 a 12 años. La desesperación, la angustia
del porvenir orillaron a las madres mandar a sus hijos al exilio, a la
salvación. El día del viaje me llevaron a la sinagoga de la comunidad, ahí
mismo bordaron nuestros nombres, dirección y ciudad de origen”.
EJ: ¿Tu mamá se dio
cuenta lo que estaba sucediendo?
PK: Sí claro, esto fue
una semana después de la Noche de los Cristales Rotos, ya se sentía el caos, el
antisemitismo y el desprecio por los judíos. Mi madre daba gracias a D-os por
haberse enterado del viaje donde me podía salvar. Me despedí de mi mamá en la
sinagoga, no la volví a ver, pero sé que ella me salvó la vida”.
EJ: ¿Tú sabias lo que
estaba sucediendo? ¿Qué te dijo tu mama?
PK: “Mi mamá no podía
controlar su llanto, me pedía tener cuidado. Sentimos nuestra despedida como la
última. Nos subieron a camiones que nos llevaron a la estación y de ahí a un
tren normal.
Los nazis se caracterizan
por hacer todo debajo del agua, no era fácil darse cuenta de sus locuras y
asesinatos. Europa entera estaba en guerra, la gente, los ciudadanos estaban
enfocados en sus propios problemas y malestares, el tema de los judíos no era
su prioridad.
Había gente buena y gente
que deseaba nuestra expulsión para quedarse con nuestros bienes. La unica forma
de salir de Viena era con documentación falsa, muchos judíos consiguieron
pasaporte de Estados Unidos, pero antes de dejar el país, debían de dejar sus bienes
bajo el Notario público confirmando que a tu salida dejabas tus propiedades al
Reich Alemán. Algunas familias tuvieron la suerte de huir de la guerra, sin un
centavo, sin una propiedad, dejando todo atrás, buscando su salvación”.
EJ: ¿En el comienzo de la
guerra, seguías teniendo amigos en la escuela?
PT: “Tenía alrededor de
40 unos judíos otros no; perdí a todos. Recuerdo que la propaganda era tan
eficaz, hacía ver a los Nazis como héroes y salvadores de la nación alemana.
Tan sólo tres días después del triunfo de Hitler nos llamaron a la Dirección
junto con mis amigos judíos, se nos informó que ya no podíamos regresar a
estudiar a la escuela.
La situación fue
empeorando con el tiempo, primero la escuela, después los negocios de los
judíos, la estrella amarilla, y poco tiempo después el desprecio y odio de
nuestros vecinos, no me gustaba salir al parque, todo el tiempo me gritaban e
insultaban”.
EJ: ¿Nadie de tu entorno
se opuso a las acciones del gobierno?
PK: “No, al contrario; el
miedo, el rechazo a ser criticados y señalados detuvieron a las personas a
ayudar a los judíos. Hubo gente, poca, pero la hubo, que por humanismo y no por
interés defendían a los judíos”.
EJ: ¿Cómo fue el
recorrido del tren?
PK: “ El tren viajó de
Viena a Polonia, pero no nos dejaron bajar porque el tren era belga. Ya en
Bélgica nos llevaron a una casa de campo donde nos quedamos durante dos meses.
Es curioso pensar que 400 niños llegaron a las calles de Bélgica buscando
refugio provisional. Pensar en masas de 400 niños buscando refugio, difícil de
imaginar. Para nosotros, para toda Europa, era cuestión de tiempo, Hitler no
podía durar mucho tiempo en el poder.
Los 400 niños
provenientes de Viena fueron expuestos en una plaza pública de Bruselas, para
que fueran adoptados momentáneamente por familias locales. Una pareja de
franceses se me acercó y tal cual me llevaron con ellos. La pareja me trató
bien, no recuerdo sentir angustia ni miedo, para mí todo seguía siendo una
aventura. Permanecí en Bélgica 8 años hasta que entraron los Alemanes a
Bruselas y tuvimos que exiliarnos en Francia como refugiados.
Regresamos a Bélgica
todavía bajo la ocupación alemana, ahí cursé un año de primaria. En 1941 nos
obligaron a todos los judíos a utilizar la estrella amarilla.
No me gustaba ir al
parque, no soportaba ser la burla de los niños. No me importó, no volví a
portar la estrella amarilla”.
EJ: ¿Cómo entraste a
trabajar con la Resistencia?
PK: “En Bélgica comencé a
trabajar para la resistencia, en un principio no sabía lo que estaba haciendo,
ni la importancia de mi trabajo. Me encargaba de transportar de una estación de
tren a otra, documentos de la resistencia en el interior de periódicos y
papeles. Este tipo de comunicación fue esencial para la creación y organización
de la resistencia Alemana”.
EJ: ¿Te pagaban por el
trabajo?
PK: “En un principio no,
pero después me pagaron con una identificación falsa que contribuyó a mi
traslado y supervivencia. Mi nuevo nombre fue John Vandenberg, con este ingresé
a trabajar en un laboratorio fotográfico que trabajaba para el gobierno Alemán.
Permanecí en el estudio hasta el fin de la guerra”.
MS: ¿Volviste a ver a tus
papás? ¿Sabes qué sucedió con ellos?
PT: “No, nunca los volví
a ver, sé de ellos por los Centros de Documentación que trabajan junto con Yad
Vashem. De mi papá, supe que llegó a París ilegalmente en el 38. En 1940 se
creó la zona de Vichy donde pudo trabajar en una editorial. En enero del 42 fue
capturado por la policía francesa, lo enviaron a un campo de detención por la
zona de los Pirineos, junto a los españoles exiliados. Del campo de detención
llevaron a mi papá al velódromo, donde estuvo 45 días hasta que lo llevaron a
Auschwitz donde murió”.
MS: ¿Qué sientes al saber
lo sucedido?
PK: “No sé lo que siento,
no existe la venganza para el pueblo judío. Nos enseñan a perdonar al prójimo”.
EJ: ¿Crees que se hizo
justicia?
PK: “En caso de los nazis
no se hizo justicia, salieron de Austria y Alemania 32 mil criminales de
guerra”.
EJ: Retomando el tiempo
que trabajaste en la Resistencia, ¿por qué lo empezaste a hacer?
PK: “Trabajé en la
Resistencia porque me sentía protegido. El 23 de septiembre de 1944 fue
liberada Bruselas por el ejército inglés. Ese día me convertí nuevamente en una
persona libre y solitaria. No tenía familia, mis padres habían muerto”.
EJ: Y acerca de tu mamá….
PK: “Mi mamá fue enviada
a un campo de trabajo cuando contaba con tan solo 40 años. Fue en el 43 cuando
murió por una epidemia de tifoidea, lo último que supe de ella fue gracias a
dos cartas que me escribió en el campo de trabajos forzados.
Aún no logro entender
cómo llegaron a mis manos las palabras de mi madre. Dos cartas es lo que me
queda de mi familia, de mi infancia y de Viena, el país en el que nací”.