El Día de la Mujer

08/Mar/2012

El País (Uruguay), Editorial

El Día de la Mujer

8-3-2012
EDITORIAL El día internacional de la mujer es una oportunidad para reflexionar sobre la evolución de su papel en la sociedad. En primer lugar, para constatar cuánto ha avanzado en el mundo la causa de la igualdad de género. En 1911, eran solamente dos los países que permitían el derecho a voto a la mujer. Hoy en día, se trata de un derecho casi universal en las democracias del mundo, extendido incluso en sociedades patriarcales, como por ejemplo, en la Arabia Saudita del rey Abdallah, que en setiembre de 2011 aprobó una reforma en este sentido.
Es desde la segunda mitad del siglo XX que vienen avanzando las ideas del feminismo liberal, que procuran promover la emancipación de las mujeres de acuerdo a los principios liberales de la racionalidad de los individuos. Su prédica se centra en la igualdad de derechos, de acceso a la educación, y de tratamiento en la esfera económica entre hombres y mujeres. También, es en las democracias liberales occidentales en donde más se tiende a esta igualdad. En paralelo, ha ido perdiendo peso la visión tradicionalista patriarcal que, por ejemplo, naturaliza el hecho de que existan trabajos típicamente femeninos -maestra, enfermera, etc.- y otros típicamente masculinos -mecánico, militar, etc.-.
Por supuesto, quienes defienden la cultura del patriarcado siguen dando su batalla por asegurar la dominación de los hombres sobre las mujeres. Pero, al menos en Occidente, el paso de las décadas los va dejando cada vez más en minoría. Porque a pesar de las dificultades, se afirmó el derecho a voto, se avanza en la igualdad de acceso a puestos de mandos militares, y se abren las puertas de los puestos jerárquicos públicos y privados para las mujeres.
Sin embargo, a pesar de estos avances, se está lejos de verificar la igualdad de género en nuestras sociedades. Se sabe, por ejemplo, que el trabajo de las mujeres representa el 66% del trabajo no remunerado del mundo. A su vez, son ellas las que más sufren el desarrollo del turismo sexual en países como Tailandia o Filipinas; y son también las mujeres las que más emigran hacia países centrales, como desde Latinoamérica hacia Estados Unidos, en busca de trabajos domésticos casi siempre mal remunerados.
El caso de España es en este sentido ilustrativo, por su formidable avance en estas últimas tres décadas, pero también por lo que resta por hacer. Allí, hoy en día el 54% de los estudiantes universitarios, y el 61% de quienes presentan tesis doctorales y son menores de 34 años, son mujeres. Los mejores rendimientos universitarios en títulos de grado y posgrado, también lo tienen las mujeres. Sin embargo, ellas cobran de salario medio anual un 22% menos que los hombres. Y en la participación política, de los 350 diputados, 131 son mujeres; y de los 265 senadores, 91 son mujeres. Es decir, poco más de un tercio cada vez. Es una cifra bastante mejor que la de mujeres parlamentarias a nivel mundial, que no llega al 20%. Pero se está lejos de alcanzar la paridad.
En nuestro país, las cifras no son alentadoras. Somos una de las mejores democracias del continente pero fallamos, justamente, en la baja representación de las mujeres en nuestro Parlamento, que está entre las peores de América y por debajo del promedio mundial. En este asunto serán revolucionarias las consecuencias de la ley de la cuota femenina a partir de 2014. No solamente porque será una forma de ayudar a equilibrar la balanza. Sino sobre todo, porque forzará a renovar la dinámica de funcionamiento de los partidos en un sentido tan profundo como difícil de prever hoy en día.
Es cierto que en estos años, a partir del empeño del BPS, se ha avanzado mucho en la formalización de los trabajos domésticos, lo que significa una mejora en la calidad del trabajo de miles de mujeres. Pero como en España, hace ya años que en nuestras universidades se gradúan más mujeres que hombres, y sigue siendo una utopía el derecho a igual remuneración por la misma tarea. Además, la inmensa mayoría de los cargos jerárquicos de empresas son aquí ocupados por hombres.
Finalmente, lo más grave: todavía tenemos una cifra que nos avergüenza, y es que muere una mujer cada nueve días por violencia doméstica. El 8 de marzo pasado año el Ministerio del Interior anunció que habría de triplicar el presupuesto destinado a la violencia de género. ¿Cumplió con eficiencia su promesa?