El asesinato de Zidan Saif: El nuevo héroe del Estado judío no es judío.

27/Nov/2014

Por Israel, Jeff Jacoby

El asesinato de Zidan Saif: El nuevo héroe del Estado judío no es judío.

El miércoles 19 de
noviembre, miles de personas se dirigieron a Yanuh-Jat; israelíes de todos los
tipos se abrieron paso hacia el remoto distrito de la Galilea, donde un héroe
caído sería enterrado lleno de honores. El presidente de Israel, Reuven Rivlin,
estaba ahí para presentar sus respetos, al igual que el ministro de seguridad
interna y el jefe de la policía nacional. De todos los rincones del país,
cientos de judíos ultra ortodoxos de sombrero negro viajaron en buses
alquilados, uniéndose a la multitud de drusos que vestían sus tradicionales
turbantes blancos, a los oficiales de policía con sus vestimentas azules y a tantas
otras personas, que incluso los techos de las casas cercanas estaban llenos con
espectadores.
Todos habían ido a
despedirse de Zidan Saif, el oficial de policía druso que acudió primero a la
sinagoga de Jerusalem en la cual ocurrió una masacre el pasado martes 18 de
noviembre. Saif se puso entre los terroristas y el resto de la gente, y recibió
un balazo en la cabeza que le causó la muerte esa misma noche. Como es
apropiado para quien murió cumpliendo su deber, su ataúd estaba envuelto con la
bandera de Israel, con la estrella de David en el centro.
Al igual que muchos de
los leales hijos y héroes del estado judío, Saif no era judío. Pero eso no lo
hacía ser menos israelí, tal como las considerables minorías árabes y no judías
no hacen que Israel deje de ser un estado soberano judío. Y tampoco hizo que no
se redujeran ni siquiera un poco los honores y la gratitud que expresaron por
él los israelíes de todos los tipos. En su funeral, el presidente de Israel
elogio a Seif llamándolo “uno de los primeros guardianes de Jerusalem”. Un
rabino de la sinagoga de Jerusalem donde ocurrió la matanza le dijo a los
residentes de la villa que había viajado hasta allá “simplemente para estar con
ustedes y para llorar con ustedes”, y se refirió a la “devoción y determinación”
del policía de 30 años como un “ejemplo para todos nosotros”.
Siempre han habido
pesimistas convencidos que la democracia multi étnica del estado judío está
destinada a fracasar. Para algunos, las horripilantes imágenes de la sinagoga
Bnei Torá —en la cual pacíficos estudiosos fueron atacados mientras rezaban,
con su sangre corriendo por sus filacterias y enrojeciendo sus mantos de rezo—
sólo fomenta dicho fatalismo.
“El ataque a la sinagoga
de Har Nof”, escribió el comentarista Joe Pollak, envía el mensaje de que “los
judíos y árabes no pueden vivir en paz en el mismo país”. Una columna de
análisis del periódico New York Times fue titulada: “En la ‘Guerra de los
barrios’ de Jerusalem, las diferencias no son negociables”.
A pesar de la brutalidad
del terrorismo que ha mandado a tantos inocentes a la tumba a lo largo de los
años, el funeral de Saif es sin embargo una conmovedora evidencia de que una
coexistencia pacífica no sólo es posible en el estado judío, sino que es una
realidad diaria que se encuentra tejida en la trama misma de la vida israelí.
Obviamente hay tensiones,
disputas y resentimientos, tal como ocurre en cualquier democracia imperfecta
(¿y qué democracia no es imperfecta?). Sin embargo, Israel ha enfrentado desde
sus inicios el desafío de construir una sociedad que se mantenga unida por
fuerzas centrípetas más fuertes que las diferencias centrífugas que intentan
separarla. De hecho, la Declaración de Independencia de Israel, que fue
proclamada por David Ben Gurión en mayo de 1948, implora explícitamente a los
habitantes no judíos de Israel a que se queden y “participen en construir el
estado sobre las bases de ciudadanía completa e igualitaria”. Una gran cantidad
efectivamente se quedó —incluyendo a muchos miles de árabes drusos— y compartieron
las bendiciones de la libertad, democracia e igualdad israelíes.
Todavía es un trabajo en
progreso, pero en términos generales ha sido exitoso. El pequeño estado judío
—el cual cuenta con una notable minoría árabe— no sólo sobrevive sino que
prospera, a pesar de la implacabilidad de sus peores enemigos y de la violenta
inestabilidad de los países que lo rodean. Así es, el terrorismo es una triste
plaga. Y sí, la cultura política palestina que lo incita es aún peor. Pero a
pesar de todo, Israel se las arregla para destacar como un oasis de pluralismo,
respeto y tolerancia en una parte del mundo que no se destaca por dichas
cualidades.
El oficial de policía
israelí Zidan Saif sostiene a su pequeña bebé en una foto familiar. Saif fue
asesinado mientras cumplía su deber el 18 de noviembre de 2014.
El oficial de policía
israelí Zidan Saif sostiene a su pequeña bebé en una foto familiar. Saif fue
asesinado mientras cumplía su deber el 18 de noviembre de 2014.
Una de las condenas más
fuertes en contra de la carnicería que ocurrió en la sinagoga vino
sorprendentemente del ministro del exterior de Bahréin, quien condenó el
“asesinato de inocentes en una casa de rezo”. Khalid bin Ahmed Al-Khalifa
advirtió que “quien pagará el precio por el asesinato de inocentes en una
sinagoga judía y por haber recibido con júbilo las noticias del crimen es el
pueblo palestino”.
Fue sorprendente ver un
lenguaje tan fuerte de un alto oficial de gobierno árabe, especialmente cuando
muchos oficiales de gobierno palestinos “celebraron el crimen” de forma
exuberante y abierta. Pero como dijo la periodista Evelyn Gordon, los gobiernos
árabes pragmáticos como el de Bahréin saben muy bien que en una época en la que
los musulmanes son asesinados por fanáticos a lo largo del Medio Oriente, “las
mezquitas en Israel y Judea y Samaria —incluyendo la mezquita de Al-Aqsa de
Jerusalem— se mantienen entre los lugares de rezo más seguros del Medio Oriente
para los musulmanes”.
Y eso no es poco decir, incluso
en un mundo que lo da por sentado. Puede que los terroristas hayan matado a
Zidan Saif, pero su recuerdo se mantendrá como una bendición, tanto para judíos
como para no judíos.
Este artículo apareció
originalmente en el periódico Boston Globe.