El arte, al servicio de la voz de los que sufrieron el Holocausto

07/Oct/2015

Clarín, Fabián Bosoer

El arte, al servicio de la voz de los que sufrieron el Holocausto

¿Qué
pasará cuando se agoten las voces de los últimos testigos del Holocausto para
siempre? Un grupo de jóvenes actores lee los testimonios de los sobrevivientes
mientras estos testigos mayores legitiman cada palabra con su presencia. Lo
importante es transmitir sus mensajes y compartir la carga del recuerdo para el
futuro. La obra Los últimos testigos, de Matthias Hartmann y Doron Rabinovici,
fue presentada en el Burgtheater de Viena y en Berlín, llevada a versión
fílmica por la Radio-Televisión Austríaca, y proyectada en estos días en el
marco del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (FIBA). Con un
agregado excepcional: uno de los protagonistas, Ari Rath, sobreviviente de la
Shoá, historiador y escritor austro-israelí, ex director del Jerusalem Post,
testigo de grandes episodios del siglo XX, estuvo en la presentación de la obra.
“No
es una obra, es la vida misma”, nos corrige Ari, de 90 años, sentado a nuestro
lado, y confiesa que es la primera vez que ve el film “de este lado de la
pantalla” junto al público. Lo vemos derramar alguna lágrima escuchando esos
relatos. Y cuando él mismo señala: “Nosotros, los sobreviventes, en el ocaso de
nuestras vidas, nos presentamos como los últimos testigos de los hechos
aberrantes cometidos por el llamado ‘Tercer Reich milenario’. Mientras nuestras
voces puedan ser oídas, seguiremos recordando y advirtiendo que en sólo 12
años, 6 millones de personas fueron brutalmente asesinadas solo por ser
judías”. Con memoria prodigiosa, sigue recordando con detalles de año, mes, día
y hora, los momentos más fuertes de su vida, cuando el mundo sucumbió a nuestro
alrededor.
Nos
cuenta su infancia en Viena, el ascenso y caída de la república austríaca, la
irrupción del fascismo y la ocupación nazi, con la gente como horda aclamando a
Hitler. Nacido un 6 de enero de 1925, se quedó sin su madre de muy pequeño y
vio cómo los alemanes se llevaban a su padre a un campo de concentración. Eran
una familia de la alta burguesía judía, alta educación, cultura refinada; lo
perdieron todo: su padre y su tío debieron firmar la cesión de todos su bienes
y lograron a cambio un salvoconducto para emigrar a los Estados Unidos. A los
13 años, él marchó junto a su hermano mayor hacia otros rumbos: se subieron a
un tren que los llevó a Palestina. “Buscamos una tierra de la que nadie pudiera
expulsarnos”, rememora.
Allí
formó parte del movimiento sionista originario del Estado de Israel, fundó el
kibutz Hamadia, donde vivió 16 años, estudió Historia contemporánea y Economía,
y fue miembro activo de las juventudes laboristas. Despuntó su vocación como
cronista y entró a trabajar en el Jerusalem Post, el diario israelí de habla
inglesa, entre 1957 y 1989, convirtiéndose en los años 70 en su redactor jefe.
Entre
otros hitos destacados, Rath formó parte junto con Abba Eban, Shimon Peres y
Yitzhak Rabin del círculo cercano de David Ben-Gurion –uno de los principales
impulsores del Estado de Israel y su primer ministro apenas declarada la
independencia, en 1948– y fue amigo de Teddy Kollek, por muchos años alcalde de
Jerusalén. Es, en tal sentido, un último exponente de una especie en extinción:
la de los dirigentes israelíes que conocieron y sufrieron el nazismo en carne
propia, los últimos sobrevivientes del cataclismo europeo de la Segunda Guerra
Mundial.
Después
de su jubilación del Jerusalem Post, escribió sus memorias, Ari significa León:
reminiscencias, junto a Stefanie Oswalt, publicadas en 2012. Siguió
participando en charlas y conferencias sobre el proceso de paz israelí-palestino,
hoy en su peor momento, así como sobre las relaciones entre Israel y los
Estados Unidos, Alemania y Austria. Aboga por la coexistencia pacífica entre
israelíes y palestinos, recibió numerosas condecoraciones internacionales,
entre otras de Alemania y del Reino Unido, y fue distinguido como ciudadano
honorario por el país del que tuvo que emigrar desesperado antes de terminar en
un campo de concentración.
Vive
entre Viena y Jerusalén, Austria e Israel son sus dos patrias. Y no deja de ver
y señalar los lados oscuros de ambas. Critica el racismo y el antisemitismo que
resurge en los partidos xenófobos y las expresiones contra los inmigrantes. Y
expresa su decidido rechazo a las políticas del gobierno israelí en los
territorios ocupados en Cisjordania. “No luchamos para esto”, se lamenta,
“Israel se ha convertido en una potencia ocupante en términos reales, y el
resultado es la corrosión, la desmoralización de la sociedad en su interior”.
La conversación termina eslabonando pasado y presente, los “trenes de la
muerte” y los trenes que le salvaron la vida, los barcos y balsas de hoy
transportando a otros emigrantes forzados, huyendo de otras guerras y
persecusiones en busca de refugio en una Europa que los recibe con resistencia
y perplejidad. “No nos podemos desligar ni desetender de esos destinos”,
concluye. ¿Pero cómo? Reitera una y otra vez: “Recordar, olvidar menos y
aprender del pasado. Cuando nuestras propias voces no se puedan escuchar más,
seguiremos hablando a las generaciones futuras, a través de estas películas y
producciones artísticas”.

Señas
particulares de Ari Rath: Viena – 1925, Escritor, periodista e historiador,
padeció la ocupación de Austria y vio cómo los nazis se llevaban a su padre.
Viajó a Palestina, fundó un kibutz, estudió Historia y Economía, y fue editor
jefe del diario Jerusalem Post. Aboga por la paz entre Israel y Palestina.