Edad: 10 años. Estado civil: divorciada.

18/Dic/2014

Clarín, Revista Ñ,Por Julieta Roffo

Edad: 10 años. Estado civil: divorciada.

Nombre: Nujood Ali. País
de nacimiento: Yemen. Edad: 10 años. Estado civil: divorciada. Esos eran los
datos de Nujood cuando, en 2008, la fotógrafa estadounidense Stephanie Sinclair
la retrató junto a una de sus hermanastras. Estaba divorciada porque la habían
casado a los nueve años con un hombre que andaba por los treinta, y dos meses
después, violaciones y golpes mediante, se tomó un taxi hasta un juzgado:
esperó casi todo el día hasta que alguien la escuchó, le concedió el divorcio y
arrestó a su marido y a su padre por forzar el matrimonio. Es que aunque es una
práctica generalizada, en la mayoría de los países es ilegal.
El caso de Nujood es
emblemático pero no es extraño: según la organización británica Plan, que
defiende los derechos del niño, cada dos segundos –uno, dos– se fuerza a una
menor de 18 años a casarse: a veces es una nena de 5, a veces una chica de 16.
Una cada dos segundos da 41.000 por día. Son 15 millones por año. Son unas 720
millones de nenas-chicas-mujeres que viven hoy, ahora, en estas condiciones, y
serán 1.200 millones en 2050 si el fenómeno no se frena: es toda la población
actual de la India, el segundo país más habitado de la Tierra, compuesta de
nenas-chicas-mujeres obligadas a casarse.
Stephanie Sinclair se
chocó con la punta de este iceberg hace doce años, cuando trabajaba como
fotoperiodista en Afganistán: “Me encontré con que varias chicas habían tratado
de suicidarse prendiéndose fuego. Investigué y vi que todas se habían casado
muy jóvenes: quiero decir a los 9 o a los 11, y eso genera un gran trauma”, le
dice a Clarín.
Desde ese momento hasta
hoy, Sinclair recorrió varios de los 50 países en los que el matrimonio
infantil es una práctica generalizada –aunque no sean los únicos: según Plan,
en Francia y en Inglaterra el 10 por ciento de las adolescentes se casa antes
de cumplir 18–. De los retratos de esas historias se compone Demasiado joven para
casarse, la muestra de 34 fotos impresas a escala humana que abrió en el Museo
Nacional de Arte Decorativo.
Desfilan las imágenes de
Yemen, en la que los maridos tienen más de treinta y las ¿mujercitas? tienen
ocho. También las de Etiopía, donde la madre de Destaye convenció al futuro
esposo de su hija para que la dejara estudiar dos años más y abandonara la
escuela a los ocho en vez de a los seis. “En el colegio aprendés mucho más que
Matemática y Lengua: ganás independencia, autoestima. Todo eso se frena al
momento del casamiento y las chicas se convierten en sirvientas; es una de las
consecuencias más dañinas”, detalla Sinclair, que agrega: “La gente quiere
compartir su historia si siente que algo no está bien, y en muchas comunidades
que visito hay quienes sienten que el matrimonio infantil no debería ocurrir,
incluso en las familias que ya entregaron a sus hijas: saben que no debe seguir
pasando”.
Por la lente de Sinclair
pasaron un tío con su sobrina de cinco a upa, sin despegarse de su juguete favorito
en plenos preparativos para casarse. Pasó una nena etíope de once, embarazada
de seis meses. Y Araceli, de Guatemala, casada a los once, abandonada a los
doce. En la foto tiene 14 y un bebé de un año y medio: “Guatemala fue el primer
país de Latinoamérica que visité pero seguiré trabajando en la región. Me
alegra que en Estados Unidos ya no puedan decir ‘Esto pasa en la otra mitad del
mundo’”.
Tampoco en Argentina,
donde la muestra de Sinclair llegó por gestión de la filial local del Fondo de Población
de las Naciones Unidas, en medio de una campaña para concientizar sobre el
embarazo adolescente. Son muchas cosas sobre las que hay que tomar conciencia.
Una es que en los tres minutos que lleva leer esta nota se forzó a 90 menores a
casarse.