Diputado Martín Lema: “Nunca recibí de parte de un judío un testimonio de odio respecto a lo sucedido en el Holocausto”

06/Feb/2017

Diputado Martín Lema: “Nunca recibí de parte de un judío un testimonio de odio respecto a lo sucedido en el Holocausto”

SEÑORA PRESIDENTA.- Continuando con esta
conmemoración, tiene la palabra el señor legislador Lema.
SEÑOR LEMA.- Muchas gracias, señora
Presidenta.
Agradezco
a mis compañeros de partido que me hayan concedido el honor, en este día tan
especial, de expresar lo que en gran parte va a ser un testimonio personal a
través del cual espero que todos ellos se sientan representados.
En
estos días, cuando me imaginaba este homenaje, tuve muy lindos reencuentros con
varias etapas de mi vida. Tuve el privilegio de vivir una infancia muy linda,
muy feliz. Y recuerdo que durante cada año lectivo deseaba con muchas ganas que
llegara el verano, porque en cada uno de los veranos de mi infancia nos íbamos
a Las Toscas, a una casa que mis abuelos habían construido con mucho sacrificio
y que luego heredaron mis padres. En ese balneario tuve mis primeros encuentros
con los grandes afectos de mi vida, y entre ellos había muchos niños de la
colectividad judía. Y por los propios hechos objetivos, mientras fui creciendo
me vi inmerso en muchos aspectos de su cultura. En tal sentido, puedo decir que
pertenezco a una generación que nunca tuvo odio, que nunca tuvo barreras y que
siempre tuvo una predisposición a conocer, a entender, a respetar al otro y a
defender sus creencias. Precisamente en Las Toscas tuve la oportunidad de
sentirme parte de algunas familias judías, y hoy tengo el privilegio de que
esté presente aquí la familia Zuckerman, que con mucho corazón y sentimiento me
abrió las puertas de su casa desde muy chico. En esa familia aprendí que los
hermanos pueden ser hermanos de la vida, y me hice un gran hermano de la vida,
que lo sigue siendo hasta el momento actual y que está hoy aquí en la barra.
Quería
empezar con este testimonio desde el punto de vista personal –y pido disculpas
por el atrevimiento–, porque no puedo tomar este homenaje como una situación
ajena con la cual me solidarizo. Por el contrario, lo tomo como una causa
propia que siento. Y si bien reconozco que puede pensarse que es un
atrevimiento, considero que sería más atrevimiento aún no tomarlo de esta
forma, y a su vez sería una profunda desconsideración.
El
tiempo fue pasando y más adelante, en un liceo laico, también tuve la
oportunidad de tener muchos amigos de la colectividad judía. Asimismo, quiero
destacar que en la militancia política me siento un heredero de la tradición que
nos inculcó el doctor Luis Alberto Lacalle Herrera, quien como presidente tuvo
acciones muy positivas en este sentido. Por ejemplo, el 7 de abril de 1994 se
convirtió en el primer jefe de Estado en participar en la Marcha por la Vida en
Auschwitz. Por otro lado, el 10 de noviembre de ese mismo año participó en la
inauguración del Memorial del Holocausto del Pueblo Judío, ubicado en la
Rambla. Asimismo, en 1987 había sido el
gran promotor de la derogación de la Resolución n.º 3379 de las Naciones
Unidas, de 1975, que intentaba equiparar el sionismo con el racismo y la
discriminación racial en un acto que el doctor Lacalle entendió como falaz e
injusto. Finalmente, esa resolución fue derogada en 1991. También quiero
recordar la carta que le enviara al entonces secretario general del Partido
Comunista de la Unión Soviética, Gorbachov, solicitando que facilitara la
salida de judíos de la Unión Soviética.
Es decir que hubo muchas acciones en este
sentido, que me hacen considerarme un heredero de esta tradición. Y a esto se
suman las tantas vivencias y anécdotas con muchos compañeros de partido que
pertenecen a la colectividad y que, casi sin hablarlo, me han transmitido lo
que fue el Holocausto, la experiencia que dejó y los tristes episodios que se
produjeron.
Hay
que destacar la actitud de nuestro país –es una de esas cosas tan lindas que
tiene nuestro Uruguay– en cuanto al reconocimiento del Holocausto por parte de
todos los partidos políticos y a su rechazo. Justamente, en la reflexión que
hice en el correr de estos días para resolver qué iba a decir en el día de hoy
y para ver cómo podía enfocar el tema del Holocausto tantos años después,
estuve analizando todo lo que ya sabemos: quiénes eran los embajadores del mal,
quiénes eran los cobardes, cuál fue el daño que se produjo a raíz de todos
estos hechos totalmente repudiables. Pero también en estos días estuve
reflexionando sobre todo lo que se puede tomar como positivo. Hoy es un día
para hacer memoria, para reflexionar, para rechazar muchos de las cosas que
ocurrieron, pero también es un día para destacar aspectos positivos; quiero
señalar cuál de ellos me llamó la atención y mencionarlo en esta casa.
Recién
hacía referencia a mi infancia, al período liceal, a la militancia política y a
mi estrecha vinculación con la colectividad judía. Debo decir que nunca recibí
de parte de un judío un testimonio de odio respecto a lo sucedido en el
Holocausto. Creo que este ha sido un gran triunfo, porque quienes se llevaron
millones de vidas y dejaron muchas miserias no pudieron llevarse la dignidad
del pueblo judío. Sin duda, pasado el tiempo, este es un claro ejemplo de que
el amor le gana al odio. Si ese odio que permaneció durante tanto tiempo,
hubiese sido compensado con más odio, esos tiranos, esos embajadores del mal
habrían tenido algún tipo de ganancia. Sin embargo, ganó la reflexión, la
actitud y la postura de grandeza de todo el pueblo judío y de quienes nos
sumamos a su sentimiento. Reitero: si hubiese habido una respuesta de odio, se
les habría dado un margen de ganancia a los que promovieron este tipo de
atentados, pero bajo ningún concepto se quiso que tuviesen ese triunfo.
Nosotros, que tenemos vocación política,
vocación de servir –por todo aquello en lo que creemos–, sabemos que muchas de
las cosas que podemos conseguir y concretar seguramente no alcancemos a verlas,
porque el triunfo no está limitado por la vida y la muerte, y mucho menos está
limitado por la cuantificación de resultados. Y en este caso hay un triunfo que
en momentos de reflexión hay que sostener; me refiero al triunfo del alma, que
se ha dado años después a través de la grandeza y del sentimiento de amor que
termina ganando a cualquier otro en contrario.
Señora
presidenta: quería expresar esto porque, como dije antes, tengo hermanos de la
colectividad, familias que quiero mucho, y nunca recibí siquiera un mínimo
gesto de represalia ni de odio. Sí de dolor, ¡por supuesto! Basta solo imaginar
el hecho de estar en esa situación para llegar a entender –o intentar entender–
lo que sienten. Obviamente, tienen un sabor amargo y una profunda tristeza por
todo lo sucedido, pero nada de eso ha llevado a que el odio se pague con odio.
De modo que en este día tan especial quiero destacar que pasados los años,
transcurrido el tiempo, el amor le gana al odio.
Hoy,
en este homenaje en el que se alzan las voces de tantos judíos –en reflexión,
en memoria de las víctimas, pero también en un recordatorio de que el amor le
gana al odio–, con mucha humildad, con mucho respeto y con una profunda
convicción quiero elevar también la mía.
Muchas
gracias.
(Aplausos en la sala y en la barra).