En el calendario hebreo, la conmemoración
inmediatamente posterior a Pesaj es la de Iom Hashoah, para el pueblo judío la
fecha más trágica de todas, la que no se puede comparar absolutamente con nada
de lo que anteriormente le pasó. Con nada.
Pesaj y Iom Hashoah.
Si tomamos literalmente los fragmentos de
la Torá, ya en Shemot (Exodo) se nos «informa» que, el faraón de
Egipto, luego de esclavizar a los hebreos habría decretado algo así como un
genocidio parcial: «echen al río a todos los niños hebreos varones que
nazcan…» (Shemot 1:21)
Habría sido el primer intento de genocidio
que registran las páginas de la Biblia.
El segundo intento lo registra el relato de
Purim. De acuerdo al mismo, Haman el malvado, expresa «no conviene a su
majestad que este pueblo (los hebreos) siga viviendo en su reino. Por lo
tanto… publíquese un decreto que ordene su exterminio…» (Ester: 3:
8-9).
El intento falló, Ester y Mordejai
mediante. (y entre el faraón y Hamán, Amalek… más allá de que los relatos
bíblicos, del punto de vista histórico debemos tomarlos con cautela).
Pero casi 2500 años después de Haman hubo
un nuevo intento de genocidio contra el pueblo judío.
Este, desgraciadamente, sí se llevó a cabo
y se convirtió en Holocausto, término por todos conocido pero que no es, no
puede ser capaz de describir -ninguna palabra lo es- el horror del cual el
pueblo judío fue su víctima principal.
Los antiguos sabios de nuestro pueblo vaya
si ya eran conscientes, incluso muchos de ellos contemporáneos, de las
persecuciones contra nuestro pueblo y por eso incluyen en este pequeño gran
libro que es la Hagadá de Pesaj este fragmento (traducción del clásico Vehi
Sheamda):
«… no fue solo un enemigo el que se
alzó contra nosotros para aniquilarnos sino que en toda las generaciones se
levantan contra nosotros hombres con el intento de exterminarnos. Pero el
Santo, bendito sea, nos libra de sus manos».
«En todas las generaciones se levantan
contra nosotros hombres con el intento de exterminarnos…». Considero que
la frase no parece, en términos generales, exagerada.
Buena parte de la historia lo puede, en
mayor o menor medida y dependiendo de tal o cual época y lugar ratificar y
corroborar.
Sin intención de abrir polémica aquí sobre
«donde estuvo D»os durante la Shoah», la última parte del antes
citado fragmento de la Hagada-el Santo Bendito sea nos libra de sus manos- es a
mi juicio por lo menos discutible.
Seis millones de judíos
«testimonian» lo contrario. Los mártires judíos anteriores y
posteriores también. Para todos ellos no hubo salvación.
El D»os que nos sacó de Egipto con
«mano fuerte y brazo extendido» no nos sacó de Auschwitz. La
responsabilidad fue sin duda del hombre (¿dónde estuvo el hombre?) pero en este
caso la «mano» de D»os se cerró: el brazo no se extendió. No
hubo ni brazo extendido ni mano fuerte que llegara del cielo.
De la salida de Egipto podemos hablar de
«Zejer». De la Shoah hablamos de «Izkor». Los dos términos
aluden a «recordar» pero con connotaciones muy distintas.
Lo que le ocurrió al pueblo judío durante
la Shoah fue perpetrado por el nazismo, sus colaboradores y facilitado por la
indiferencia de buena parte del mundo. Pero para que la Shoah pudiese
perpetrarse tuvieron que transcurrir muchos siglos de antisemitismo, siglos de
discriminación y de odio durante los cuales se fue preparando el terreno.
Enseñanza del desprecio.
Aislamiento, degradación, humillaciones,
demonización, distintivo infamante, falsas acusaciones, mitos, quema de textos
sagrados judíos, persecuciones, expulsiones, bautismo forzoso, muertes en la
hoguera, masacres, una hostilidad que va creciendo, especialmente a partir de
cierta etapa de la Edad Media con base fuertemente religiosa.
Varios de estos horrores, pues, no fueron
«inventados» por los nazis.
Lo que sí hicieron los nazis fue llevarlo
al peor extremo posible, lo que concluirá con la-sin precedentes-
«Solución Final».
El término «antisemitismo» es,
históricamente hablando, relativamente nuevo.
Pero el «fenómeno» del
antisemitismo (en el sentido de antijudaísmo, que de eso se trata y no le
busquemos otra vuelta) se fue trasmitiendo de una generación a otra,
especialmente en los últimos dos milenios. Por sobre todo en Europa.
El antisemitismo pasó a ser ya desde épocas
muy remotas un ingrediente nada despreciable en las sociedades europeas, en
algunas más que en otras. Será en Europa donde, como «lógico
corolario» de todo lo anterior la gota desbordó el vaso y la Shoah se
materializó.
Antisemitismo religioso; político; social;
económico. Y finalmente el más letal: el racial.
De los anteriores podía haber algún tipo de
escapatoria: del racial no lo habría durante los años de la Shoah.
Siglos de antisemitismo, casi milenios,
fueron preparando este desastre que probablemente no se hubiese producido si un
montón de circunstancias derivadas de la Primera Guerra Mundial y otras no
hubiesen coincidido como coincidieron: pero tampoco se habría producido si el
terreno no hubiese estado preparado.
Y el terreno estaba preparado.
Después llegaron los nazis…
Esa enfermedad de los pueblos llamada
antisemitismo se ha difundido demasiado tiempo.
La diáspora, la condición de minoría de los
judíos, su sana insistencia en la defensa de determinados valores éticos
contrarios a muchos, su «obstinación»-legítima por otra parte-por
aferrarse a sus tradiciones y costumbres y mantenerse «diferentes» y,
quizás como consecuencia su condición de chivo expiatorio, hicieron el resto.
Justo es decir: el mundo islámico, más allá
de relaciones más o menos complejas y tensas con los judíos prácticamente desde
Mahoma, estuvo-salvo excepciones- ajeno a todo lo que tiene que ver con la
Shoah y con su contexto cercano y
lejano. La Shoah fue una tragedia europea.
El mundo aún no aprendió la lección. El
antisemitismo sigue estando a la orden del día.
Por
si esto fuese poco, la existencia del Estado de Israel ha generado un nuevo
antisemitismo disfrazado bajo el rótulo de «antisionismo».
El primer genocidio del siglo XX
conmemorado nuevamente hace pocos dias -no olvidemos- fue el armenio. Luego
vino la Shoah. Era de suponer que sería el último genocidio de la historia pero
no: poco tiempo después hubo otros, ya sea bajo la forma de «limpieza
étnica», o como se le llame: en la ex Yugoeslavia, en Camboya, Ruanda y
otros lugares también.
Las
palabras «Nunca más» siguen resonando en el vacío.
Hay un antes y un después de la Shoah. Y no
solo para el pueblo judío.
Pero a pesar de que hay cosas que han
cambiado y algunas favorablemente, en buena medida la humanidad aun no aprendió
la lección.
Porque la Shoah fue una tragedia para el
pueblo judío en particular, pero también para la humanidad en general.
«En cada generación cada uno debe
verse a sí mismo como si él mismo hubiese salido de Egipto» dice nuestra
didáctica Hagadá.
En la Hagadá de la Shoah que, como tal,
seguramente aún está por escribirse, quizás alguien escriba alguna vez que
«cada judío debería verse a sí mismo como si él mismo hubiese estado en
Auschwitz».
De Egipto pudimos salir…
Fueron los heroicos jóvenes combatientes de
la rebelión del Ghetto de Varsovia quienes, durante los días de Pesaj del año
1943 comenzaron a escribir una de las páginas más gloriosas que registra la
historia del pueblo judío. Comprendieron el mensaje de Pesaj mejor que nadie.
De Pesaj a Iom Hashoah…
De Pesaj a Iom Hashoah
02/May/2016
Lic. Rafael Winter (Rufo)