La República
Dr. Ismael Blanco
Hace un año, al conmemorarse el aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia, escribí con necesidad vital sobre los héroes que murieron en esa acción.
En la Historia de la Humanidad hay hechos que conmueven, que representan a la dignidad humana en su expresión máxima, hechos que muestran que en los momentos donde todo está en juego, existen personas que ofrendan su vida para demostrar que vivir sólo vale la pena si se es libre.
Es difícil describir lo absolutamente absurdo, entender lo abyecto y vil, es imposible poder analizar con un mínimo de racionalidad cómo el odio se puede transformar en concepto para justificar las peores acciones.
Es insoportable pensar que de otros hombres se pudo iniciar la acción y sostenerlo con juicio y con palabras, que se podía justificar lo absolutamente despreciable como el asesinato en masa, la tortura, la violación, la esclavitud y el genocidio de pueblos y de todos aquellos que sostuvieran determinadas ideologías. Lo absurdo del fascismo y el nazismo resulta complejo de desentrañar desde una visión humana; es irracional concebirlo desde el humanismo o cualquier doctrina democrática basada en la solidaridad de los humanos y del respeto al prójimo. Sólo héroes como Anilevich y sus compañeros, como otros tantos que se plantaron ante la banda asesina nos devuelven la confianza en lo humano.Hoy comprendí lo difícil que es saber utilizar las palabras justas para expresar lo sublime y describir lo abominable.
A 71 años del levantamiento del gueto de Varsovia resuena en los oídos y los pensamientos de los pueblos libres el grito de rebelión de Mordejai Anilevich y sus camaradas. Su consigna así lo resumía: “Por nuestra y vuestra libertad no olvidar ni perdonar”.
Esa postura rebelde, digna, pura e insurgente de los jóvenes judíos marcó un hito en la historia de la humanidad, muriendo en combate contra la peor bestia asesina del género humano: el nazifascismo.
Cómo traer ese grito de rebeldía al día de hoy… En primer lugar se me ocurre pensar en los sucesos terribles que ocurrieron en nuestro país.
Un acto heroico no necesariamente debe ser el ejemplo que nos dieron los héroes del levantamiento del gueto de Varsovia. La vida está llena de pequeños actos heroicos que por su propia naturaleza suelen ser aislados, se contraponen a la mayoría de los actos que no tienen esta naturaleza y que muchas veces se relacionan con lo mezquino, lo egoísta , o simplemente con la indiferencia.
Por cierto, en nuestro país también hubo quienes nos han dejado un legado de valentía y de entereza ante situaciones límite. La mayoría de las veces esos actos fueron realizados por personas desconocidas, tal vez como se los define comúnmente: anónimos. Personas que nunca llevaron adelante sus actos para estar en una marquesina. La mayoría de ellos no tienen registrados sus nombres en ningún libro, ni en ninguna aventura de tipo épico, en ninguna especie de biografía o publicación laudatoria.
En nuestro país no hubo un “gueto” pero sí hubo prisiones, hubo cadalsos e injusticias múltiples. Esto lo traigo a la reflexión porque en los tiempos en que vivimos, la referencia a lo “épico” suele ser una parada obligada de muchos charlatanes de escritorio.
Como dice el dicho “uno no es más que nadie” ni tiene alguna parte del cuerpo que le sobre con respecto a otros del mismo género, pero al menos trato de tener una postura lo más humilde y sencilla posible para evitar caer en la verborragia vacía y arrogante de adjudicarme las historias de otros.
Como he venido relatando en otras columnas, no hay acción más noble que la política para plasmar en la práctica las ideas que uno adoptó a los efectos de transformar la sociedad en la que me toca vivir. Por cierto, los años me han demostrado que las cosas no son ni lineales ni preconcebidas; uno aprende que en política no se puede ser dogmático u obtuso. Pero hay algo que remontándome a muchos años atrás, diría yo casi desde que tengo noción de estas cuestiones importantes, que lo aprendí como aprenden los niños, observando las acciones en primer lugar de mis padres o de aquellos otros referentes que como cualquiera podemos tener en cercanía, y es que el mayor aprendizaje de las cosas son las acciones, son los actos que se ven, es el decir actuando, de cómo uno se comporta más que de lo que se pueda decir en un florido, rimbombante y bonito discurso.
De héroes y de épicos
29/Abr/2014
La República, Por Dr. Ismael Blanco