Cuentos de Sucot

12/Oct/2022

Por Prof. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU

Por Prof. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU

Sucot aparece en la Biblia como la fiesta ordenada por el Señor para la cosecha de los frutos de verano: “Celebrarás fiesta en mi honor… Al final del año, cuando hayas cosechado el producto de tus labores en los campos”. Más adelante se agregan detalles: “cuando hubieras recogido el producto de la cosecha, celebrarás  fiesta en mi honor que dure siete días: el primer día, tomarás el fruto de árbol hermoso (“etrog”, el cítrico que parece un limón pero no es un limón), ramas de “lulab”, “hadas” y “arava” (palmas, mirto y sauce) y te alegrarás ante el Señor”.

Sucot en la Biblia y Talmud

Sucot aparece en la Biblia como la fiesta ordenada por el Señor para la cosecha de los frutos de verano: “Celebrarás fiesta en mi honor…Al final del año, cuando hayas cosechado el producto de tus labores en los campos”.1  Más adelante se agregan detalles:2 “cuando hubieras recogido el producto de la cosecha, celebrarás  fiesta en mi honor que dure siete días:…el primer día, tomarás el fruto de árbol hermoso (“etrog”, el cítrico que parece un limón pero no es un limón), ramas de “lulab”, “hadas” y “arava” (palmas, mirto y sauce) y te alegrarás ante el Señor”.

¿Por qué el fruto cítrico, palmas, mirto y sauce?  Un midrash (investigación rabínica) dice  que el etrog simboliza el corazón, la palmera, la columna vertebral, el mirto los ojos, el sauce la boca. Así que  los cuatro frutos quieren decir “todo el hombre completo”.

Otros rabíes dicen que “fiesta de recolección” en Sucot se refiere a recolección de judíos  diferentes que en el ramo de Sucot se unen. Aquí el pueblo judío es visto como un organismo vivo, cuando uno se lastima, todos sufren, cuando uno se alegra, todos se ponen contentos.  Así que los cuatro frutos significan “todo el pueblo hebreo unido”.

La Biblia indica otro significado de esta festividad: “En cabañas habitaréis por siete días, para que vuestras generaciones sepan que en cabañas hice habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de Egipto”.3 El techo debe dar sombra y también permitir ver las estrellas a través de él por la noche. ¿Para qué?

Una interpretación dice que el pueblo judío en el Éxodo del desierto vivía con una clara realidad de la presencia del Señor.  Fueron testigos del maná y las bandadas de codornices, alimento que cayó de los cielos cuando tuvieron hambre, del agua que surgió de la roca ante el golpe de Moisés, cuando tuvieron sed. La Biblia dice que la Presencia Divina envolvió todo el campamento, protegiéndolo del mal tiempo y de los enemigos. Los rabíes del Talmud explican  la Presencia Divina como la Gloria del Señor. Una Nube de Gloria. ¿Cómo podemos imaginarla? La elaboración rabínica4 dice que esa Nube de Gloria  envolvió a los judíos en el desierto y nada pudo haberles causado mayor felicidad. Por eso Sucot se llama  Zman Simjateinu, tiempo de nuestra alegría.

Sucot en las  palabras de Maimónides

Maimónides dice que Sucot nos enseña que no nacimos en cuna de oro. El dinero y las comodidades vienen y van. Cuidamos tanto las cosas que tenemos, la vajilla de porcelana y las copas de cristal que no usamos por temor a que se rompan. ¿Valoramos las cosas en sí, más que disfrutarlas? Todas esas cosas, ¡nos van a sobrevivir!

Un cuento del folklore judío de Europa Oriental

Para celebrar Sucot, lo más caro de conseguir en los pueblos de Polonia y Rusia eran los etroguim, porque había que  importarlos desde Italia o Grecia y llevarlos en carros hasta los pueblos. El etrog se parece a un limón, la piel  amarilla de ambos es casi igual, pero en el etrog la parte de los gajos es mucho más pequeña que la del limón y la cáscara blanca que recubre los gajos del etrog es mucho más gruesa y esponjosa que la cáscara blanca del limón. El etrog es muy perfumado, los rabíes dicen que tiene aroma a paraíso. Los niños a veces tomaban  un limón, lo decoraban con varios clavos de olor y jugaban a que eso era “casi” como el aroma del etrog. Pero a nadie se podía engañar con ese limón disfrazado.

El cuento dice que Itzig el changador pagaba todas las semanas una suma pequeña al mercader de etroguim hasta juntar diez rublos para comprar el suyo para Sucot. Una vez, cuando todavía faltaba un mes para la festividad, el mercader le dijo a  Itzig:

– Ya pagaste los diez rublos que vale el etrog. Te doy este, que es el que traje como muestra para mi  negocio.

Dos semanas más tarde, el comerciante estaba esperando dos carros de Trieste cargados con su mercadería, cuando una tremenda tormenta hizo caer árboles que cortaron todos los caminos. Quedó bien en claro que ningún carro podría llegar al pueblo hasta bien pasada la fecha de la festividad. El presidente de la comunidad judía fue a preguntar al comerciante:

– ¿A quién vendiste este año el etrog  que traes como muestra?

– Lo vendí a Itzik el changador. Me lo fue pagando antes de Sucot, unas monedas cada  semana.

-¿Te parece que aceptaría venderlo?

– No lo creo. Es un judío muy pobre pero muy observante y ahorra todo el año para poder comprar el etrog de Sucot. Pero quién puede saberlo. La familia está muy necesitada.

Mendel, el presidente de la comunidad junto con varios señores, decidieron ir a la casa de Itzig  para tratar de comprar el único etrog que podía estar a la venta en el pueblo.  Itzig no estaba en la casa, pero sí, su esposa Miriam.

– Venimos a comprar el etrog que tienes en tu casa, dijeron a la esposa. Tú le pones el precio.

– No lo puedo vender, dijo Miriam.  Para Itzig es muy importante.

– Aquí tienes cuatrocientos rublos, dijo el presidente, poniendo el dinero en la mesa.  Ella se quedó mirando las relucientes monedas y retorció su delantal con dedos nerviosos. ¡Tantas cosas podría comprar con todo ese dinero!

– No lo vendo, contestó.

Las monedas siguieron aumentando sobre la mesa. Cuando Itzig llegó a su casa,  ya había ochocientos rublos. ¡Nunca hubo tanto dinero junto en esa casa!  Pero Itzig se mantuvo firme.

– No lo vendo, declaró. La suma numérica de las letras de la palabra etrog es 610, más 3 de las otras especies de Sukot, son 613, el ramo de Sukot vale lo mismo que todos los mandamientos de la Biblia. Es cierto que mi familia está muy necesitada, pero ¡no cambio mi etrog por nada del mundo!

– Eres un  judío piadoso y te respeto, dijo Mendel. No te insistimos más con esa venta. Pero sé que estás necesitado. Permíteme que te regale  diez rublos.

– Regalos no, dijo Itzig. Tengo mi dignidad.

– No lo tomes como regalo, sino como préstamo, a largo plazo, el plazo que tu quieras, contestó Mendel. Algún día me lo devolverás.

Los señores se fueron y la pareja quedó sola en la casa, con las diez monedas de un rublo sobre la mesa. Itzig miró a Miriam y Miriam miró a Itzig.

-¿Qué compramos primero? Dijo ella.

Itzig quedó pensativo. Esos diez rublos habían llegado a la casa de manera  inesperada. ¿Cebada? ¿Algunas papas? ¿Qué era lo más urgente?  De repente, encontró que sabía lo que tenía que hacer.

-Miriam, este dinero sobre nuestra mesa es un milagro que nos manda el Señor. Compremos un número de lotería. Si el Señor nos ayuda, seremos ricos.  Y si perdemos, este dinero, de todos modos, no es nuestro.

El relato dice que Itzig y Miriam sacaron la lotería y se volvieron ricos. Dieron la mitad del dinero ganado en donaciones y con la otra mitad se fueron a vivir a la ciudad vecina, donde establecieron negocio y prosperaron.

Años más tarde, un día de mercado de la ciudad, Itzig estaba buscando su etrog para la próxima festividad de Sucot, cuando se acercó a la mesa del comerciante un hombre mayor, vestido pobremente. El hombre contaba sus monedas, no tenía dinero suficiente para comprar el etrog más lindo de la canasta que pretendía  y estaba discutiendo con el comerciante cuando Itzig lo reconoció.

-¡Señor Mendel! ¿Qué  hace usted aquí?

– Señor, hago lo mismo que usted, busco comprar un etrog. No puedo pagar mucho, ese es el problema.

-¿No me reconoce usted? Soy Itzig el changador,  de su mismo pueblo… ¿recuerda que me prestó diez rublos hace años?  Permítame que le pague mi deuda ahora mismo.

– ¿Itzig, convertido en un caballero? ¿Diez rublos me da usted? ¡Esto es un milagro! ¡Ahora puedo comprar el etrog más lindo del mercado! Y otras cosas, sí, me quedarán algunas monedas… tengo que pensar qué es lo más urgente  para mi casa.

– No lo piense tanto. ¿Se acuerda que la última vez que nos vimos, me negué a venderle un etrog por todo el dinero del mundo?  Hoy, le pido que me permita regalarle uno.

– Regalos, no. ¡Tengo mi dignidad! Dijo Mendel.

– Por favor, discúlpeme. Vamos a mirarlo  así. Le devuelvo a usted el préstamo que me hizo hace años y además le presto a usted diez rublos para que se compre un etrog. No lo tome como regalo, es un préstamo, a largo plazo, el plazo que quiera, contestó Itzig. Algún día,  me lo devolverá…

1 Éxodo 23:16.
2 Levítico, 23:39.
3 Levítico 23: 42 y 43.
4 Talmud, Tratado Sucá folio 11ª,