«En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de
partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de
fútbol». Nadie entiende mejor esta frase de Galeano que aquellos que se
fueron a vivir a más de 12.000 kilómetros de distancia de la sede del club de
sus amores y siguen alentando por los colores de su equipo con la misma garra
de siempre. Ya sea juntándose en peñas, despertándose a la madrugada para ver
cada partido o siguiendo por Internet las noticias minuto a minuto, todo
esfuerzo vale la pena cuando se trata del cuadro de uno.
“El amor y la locura son los motores que hacen andar la
vida” (M. Yourcenar)
Aunque José hizo aliá hace 30 años y se considera israelí en
todo, admite que en el fútbol su corazón siempre va a estar con Atlanta. Se
define como un enfermo del equipo bohemio y afirma que, cada sábado que hay un
partido, él y los demás miembros de la filial “Los Bohemios de Israel” están
con la cabeza puesta en Villa Crespo. Otro caso es el del Chino, fanático de
Atlanta, que desde su casa palpita la tribuna en vivo gracias a sus amigos, que
lo llaman por Whatsapp durante el partido para que pueda escuchar y sentir todo
como si estuviera ahí. Eduardo, otro hincha de la azul y amarillo que vive en
Israel hace 34 años, cuenta una de las tantas locuras que hizo por su equipo:
“El día de mi casamiento civil, estando en casa de mis suegros, me encerré en
el dormitorio para escuchar por radio Atlanta – Lanús mientras los parientes
estaban en el salón”. Además, agrega que hace doce años fundaron una filial de
Atlanta, ahora llamada “Sergio Mazor”, que una vez juntó a más de cien
simpatizantes del club en el parque Hayarkón.
En las buenas y en las malas mucho más
Con 14 años en Israel, Daniel explica cómo se mantiene cerca
de su querido Atlético Rafaela a pesar de la distancia: “Sufro el doble de lo
que sufría en Argentina, mirando los partidos con las 6 horas de diferencia sin
dormir a la noche y leyendo todos los días las noticias del club”. Admite que,
como cábala para los partidos, apaga el teléfono para que nadie lo moleste y
necesita aislarse. Aunque solo conoce a dos hinchas de la crema en Israel,
entre los que se incluye a sí mismo, cuenta que mucha gente se solidarizó con
él y se volvió simpatizante del equipo después de verlo sufrir tanto.
Solo entiende mi locura quien comparte mi pasión.
Gustavo, un argentino que hizo aliá hace 19 años, mantiene
el amor por Boca Juniors informándose a cada hora sobre su equipo a través de
páginas deportivas de la web o mediante un grupo de Whatsapp. Si bien Gustavo
mira religiosamente todos los partidos de Boca, sea en el horario que sea, eso
no es nada en comparación con las locuras que cuenta que hizo por el club
xeneize: “Cuando Boca vino a Israel renuncié a mi trabajo para estar tres días
con los jugadores, acompañándolos para todos lados”. Gustavo preside “Bosteros
de Israel”, una de las dos peñas de Boca que hay en Tierra Santa, por medio de
la cual se reúnen para ver los clásicos o las finales en un pub de Tel Aviv con
toda la banda de hinchas del azul y oro.
“Si juega Argentina la final del mundial y Chacarita a la
misma hora, veo a Chacarita”
Claudio, hincha de Chacarita desde que empezó a ir a la
cancha con solo 5 años, cuenta que en Argentina seguía al Funebrero a todos
lados, siempre con su bandera de 20 metros. Vive en Israel desde el 2002 y
afirma que los días en los que juega su equipo, pase lo que pase, sea la hora
que sea, no se pierde un solo partido: “Si juega Argentina la final del mundial
y Chacarita a la misma hora, desde ya, veo a Chacarita”. Aunque no tiene
cábalas, por las dudas siempre escucha la radio en la que está el relator
partidario. También explica que hay una peña mundial de Chaca que, a través de
Whatsapp, permite que los fanáticos de Israel, Brasil, Estados Unidos, España,
etc. estén conectados los días del partido y que puedan ingresar al estadio
cuando estén en Argentina y juegue Chacarita.
“La pasión es una emoción crónica” (Théodule-Armand Ribot).
José, que se reconoce como fanático de Colón de Santa Fe
desde antes de nacer porque su mamá también es hincha del club, lleva 22 años
viviendo en Israel y dos o tres veces a la semana juega al fútbol con la
camiseta del sabalero. Entre las cosas que hace para mantener la pasión por su
equipo, José relata que, cuando está de miluim, abajo del uniforme nunca falta
la camiseta con los colores de Colón.
“A partir de ese día estuve completamente loco por el Timão”
Axel, brasilero de 27 años que hizo aliá en septiembre del
2015, se considera un hincha fanático del Corinthians desde el año 1995: “En
Brasil, el amor por la camiseta viene de padre a hijo, pero como mi papá es
argentino, nunca tuvo un amor verdadero en Brasil. Eso hasta 1995, cuando me
encontré sentado frente al televisor de mi casa mirando un partido del
Corinthians por la Copa do Brasil. Recuerdo una imagen de la hinchada, todos
contentos, eufóricos y cantando. A partir de ese día, yo estuve completamente
loco por el Timão. Hoy en día mi papá es tan fanático por Corinthians como yo,
gracias a un amor que vino de hijo a padre”. Para mantenerse cerca de su club,
Axel sigue las noticias, las páginas de Facebook y trata de no perderse ningún
partido, razón por la cual todos los miércoles a las 4 de la mañana
probablemente se lo puede encontrar despierto. Como cábala admite que, a menos
que esté en la cancha viendo a su equipo en vivo, bajo ninguna circunstancia se
pone la camiseta para ver un partido: “Es como ponerse un traje para ver un
casamiento por la tele”.
“La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un
abismo” (Concepción Arenal)
Graciela tiene 51 años y desde que tiene memoria es fanática
de Independiente, amor que heredó de sus hermanos y primos. Con casi 16 años
viviendo en Israel, mirar los partidos a la madrugada y estar al tanto de todo
lo que pasa en el club son algunas de las cosas que hace para sentirse cerca
del Rojo. Su única cábala es no publicar nada en las redes sociales antes de
que juegue su querido Rey de Copas. Entre los momentos que vivió como hincha,
destaca haber ido al kotel para pedir que el club no descendiera. A pesar de
que no pudo evitar el desfavorable resultado, no dejó de ser una experiencia
muy significativa para ella.
“Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo
caer, no has amado” (Shakespeare)
Diego Benaderet tiene 26 y es fanático del Nacional desde
siempre. Hizo aliá hace 16 años y nunca se pierde un partido del Bolso, sea a la
hora que sea. Entre las experiencias más locas que recuerda haber vivido por su
equipo, Diego cuenta: “Me tocó estar en Argentina de paseo cuando Nacional se
enfrentaba a Boca en un partido de la Copa Libertadores. Mi primo y yo, como
hinchas a muerte de Nacional, fuimos a la Bombonera y nos tuvimos que sentar
con la hinchada de Boca sin poder decir una palabra”.
“Viajé a Buenos Aires ida y vuelta solo para ver un partido”
Hugo, que hizo aliá hace 20 años y es fanático de Newell’s
desde 1974, mantiene la pasión por el club mediante Facebook y a través de su
enorme núcleo de amigos leprosos. Afirma que no posee ninguna cábala porque
prefiere ser optimista, incluso en las malas. Por otro lado, Maxi, hincha del
Rojinegro gracias a su abuelo, se asegura de tener algo encima con los colores
de Newell’s cada vez que hay un partido. Entre las locuras que hizo por su
equipo del alma recuerda: “Viajé a Buenos Aires ida y vuelta en unas horas solo
para ver un partido”. A su vez, agrega que hay una peña llamada “Filial
Newell’s en Israel Cucurucho Santamaría”, a través de la cual se reúnen para
ver partidos o festejar algún campeonato.
“Mi locura es sagrada, no la toquen” (Dalí)
Pablo Viera Diaz, uruguayo que hace 13 años vive en Israel,
es fanático de Peñarol desde que nació, gracias a su papá que lo hizo hincha.
Entre las locuras que hizo por amor al aurinegro cuenta que, para no perderse
ningún partido, se levantaba temprano y se iba a limpiar vidrios a los
semáforos hasta conseguir la plata suficiente para pagarse la entrada al
estadio. Reconoce que mantener la pasión por su equipo a la distancia es duro
porque ya no puede hacer la rutina de ir todos los domingos a la cancha, pero
se conforma con ver los partidos por Internet.
El primer amor nunca se olvida.
Marcos hizo aliá hace 14 años y sigue a Platense desde que
tiene uso de razón. Entre las locuras que hizo por amor a su equipo recuerda:
“Para un partido con Aldosivi de Mar del Plata del año 77, Platense estaba
primero en su zona. Me quedé a dormir en lo de mi novia porque sus padres no
estaban y el único tren salía a las 8 de la mañana de Constitución. Me escapé,
le dejé unas flores y salí volando. Llegué con el tren en movimiento y, como no
tenía pasaje, estuve los 400 kilómetros esquivando al guardia”. Sobre cómo
sostener la pasión a la distancia explica: “Sigo todo por Internet, hay páginas
que dan todos los partidos, los veo aunque sean las dos de la mañana. Aparte
todos los días estamos en contacto con un grupo de más de 100 hinchas del
interior y del exterior en WhatsApp”.
Desde el este al oeste, desde el norte hasta el sur
Alan Kaler, con 27, cuenta todas las cosas que hace para
seguir estando cerca de Racing después de quince años viviendo en Israel:
“Calculo que como todo loco acá, lo sigo por Internet, compro una que otra
camiseta o cualquier cosa que tenga que ver con el equipo. En este momento, por
ejemplo, estoy con el termo y el mate de Racing. Quedarse despierto en la mitad
de la noche, hasta cuando estaba en el ejército, en momentos peligrosos,
siempre me fijaba cómo iba un partido. Tengo un equipo de fútbol 7 que integran
todos hinchas de Racing. Se llama Racing TLV y jugamos todas las semanas con el
escudo en el pecho”.
“Sigo todo lo relacionado con River cada segundo de mi vida”
Alejandro se reconoce como fanático de River Plate desde los
12 años, edad en la que empezó a ir solo en colectivo al Monumental. Entre las
anécdotas que tiene como hincha, recuerda cómo una vez, siendo adolescente, se
fue solo hasta la Boca para ver el clásico sin avisarle a nadie. Con 16 años
viviendo en Israel, cuenta cómo utiliza todos los medios posibles para estar
cerca del Millonario: “Leo Clarín, Olé, veo los partidos de madrugada en
directo, sigo permanentemente todo lo relacionado con River cada segundo de mi
vida”. En cuanto a cábalas, Alejandro aclara que, antes de cada partido, se
besa una cadenita con el escudo de River que usa desde hace años. También
señala que hace ya 10 años funciona en Tierra Santa la filial del equipo de la
banda roja.
“El fútbol que vale es el que uno guarda en el recuerdo”
(Fontanarrosa)
Enrique, de 79, lleva 35 años viviendo en Israel y es
fanático de Rosario Central desde la infancia. Recuerda que cuando tenía
quince, después de ir a ver a Central, solía subirse al techo del tranvía para
volverse hasta su barrio. Reconoce que hasta el día de hoy sigue escuchando
jugar a su equipo por la radio LT3 AM 680 porque lo emociona más que verlo por
la televisión. Después de cada partido, durante el cual nadie puede molestarlo,
charla o chatea con otros hinchas canallas de Israel.
Amor grande vence mil dificultades.
Claudio, con 29 años viviendo en Israel, relata cuán difícil
era al principio poder estar al tanto de lo que ocurría con San Lorenzo de
Almagro, club del que es hincha desde que estaba en la panza de su mamá:
“Cuando hice aliá era imposible, había que esperar semanas a que llegara el
diario de Argentina o sino uno se enteraba de los resultados solo llamando por
teléfono. Hoy es increíble poder ver en HD los partidos en directo”. Entre las
cosas que realizó por el Ciclón, Claudio destaca haberse hecho pasar por
discapacitado para poder ingresar a la final del 2007 sin tener entradas.
Además, aclara con orgullo que la “PISLABA”, la Peña Israelí San Lorenzo de
Almagro Beto Acosta, es la primera peña oficial del exterior reconocida por el
club: “Acabamos de cumplir 14 años y somos alrededor de 100 miembros. Hacemos
asados, nos juntamos para ver los partidos y viajamos a encuentros de peñas del
exterior de Europa. Somos muy conocidos por los hinchas de Argentina desde que
fuimos al kotel a pedir por San Lorenzo (aparecimos en todos los medios
existentes) y salimos campeones”.
“Los mejores días son los que puedo ver a mi Talleres”
Diego, de 35 años, se define como amante de Talleres de
Córdoba desde el jardín de infantes y relata: “Mantener la pasión a la
distancia ahora es fácil: veo todos los partidos televisados, entro a los
diarios, a grupos de Facebook, a páginas de Internet, a aplicaciones, etc., pero no siempre fue así. Cuando estábamos en
la B nacional no se televisaban todos los partidos, así que me levantaba a la
madrugada a escucharlos por radio, algo que mis amigos no entendían. Me decían
que estaba loco por despertarme a las tres de la mañana a escuchar un partido de
un equipo que no estaba en primera, sabiendo que a las siete tenía que estar en
el trabajo. A mí eso nunca me pareció una locura, los mejores días de la semana
son en los que puedo ver o escuchar a mi Talleres. La única cábala que tengo es
estar en todos los partidos, ganemos o perdamos, lo importante es estar
siempre, a la distancia o en la cancha. Por eso cada viaje que hice desde
Israel para Argentina fue por y para Talleres, como en el centenario del club,
en el último ascenso a primera, etc.”
“Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama” (Alfred
de Musset)
Fabio vive hace 15 años en Israel y es hincha de Unión de
Santa Fe desde chiquito gracias a su zeide, que cuando se fue a vivir a Santa
Fe nunca dudó cuál iba a ser el equipo de su familia. Fabio explica que ahora,
con Internet, es mucho más fácil seguir a su equipo porque puede estar
conectado con otros amigos tan fanáticos como él. También aclara que hay una
peña en Israel que cuenta con 30 tatengues y con una nueva generación que está
llegando.
“El amor por Vélez lo llevo desde el día que nací”
“Mi nombre es Julio, tengo 63 años y vivo en Israel desde
1984. El amor por Vélez lo llevo desde el día que nací, tal es así que mi tío,
para avisarle a mi papá que yo era varón, le gritó por teléfono ¡Ferraro!, que
en ese momento era el goleador ídolo del Fortín. Hay que ser sincero, es mucho
más fácil mantener la pasión hoy que cuando hicimos aliá en el ’84. No existía
Internet ni había televisión en directo. Nos enterábamos de los resultados del
domingo solamente el martes siguiente en un comentario chico del diario con los
resultados del fútbol de Argentina. Viví muchos años de mi vida en los que
varias noches no dormía porque me quedaba viendo los partidos a las dos, tres o
cuatro de la mañana. Un grupo de cuatro fanáticos, que hasta ese momento
creíamos que éramos los únicos fortineros en Israel, nos reunimos en el año
2003 en un bar en la zona de Raanana y creamos la Peña ‘El Fortín de Israel’,
que hoy que cuenta con casi 300 hinchas, cada uno con su historia y recuerdos,
todos unidos por el amor a Vélez. Tuvimos grandes encuentros festejando
campeonatos, también fuimos al kotel para poner papelitos con pedidos para el
Fortín y algunos se hicieron realidad”.
Cuando tira la camiseta, estés donde estés
16/Feb/2017
Piedra Libre. Por Jessica Peltz