Cuando la crueldad se ostenta

20/Nov/2014

El País, Claudio Fantini

Cuando la crueldad se ostenta

En el siglo XI, el
emperador bizantino hizo cegar a 14 mil prisioneros búlgaros capturados en la
batalla de Kleidión. La orden de Basilio II establecía que a uno de cada cien
había que dejarle un ojo, para que los tuertos pudieran guiar la multitud de
ciegos de regreso a Bulgaria. ¿El objetivo de tanta crueldad? Aterrar al
enemigo de Constantinopla.
La brutalidad para
amedrentar es una práctica que recorre la historia. En las guerras
decimonónicas argentinas, decapitaban a los vencidos y colgaban las cabezas en
lanzas para aterrar al otro bando.
Lo mismo busca el Estado
Islámico con sus decapitaciones exhibidas en Internet. Por eso, batallones
enteros de los ejércitos de Irak y Siria huyeron despavoridos, en lugar de
combatir, dejando blindados y artillería en manos de los yihadistas.
La diferencia es que el
EI lo hace en un tiempo en el que la crueldad se practica, pero no se ostenta.
¿Cómo puede justificarse la ostentación de la crueldad en pleno siglo XXI? En
las regiones afganas y paquistaníes de la etnia pashtún, el talibán lo hace
desde el rígido código «pashtunwalí», mientras que el
«califato» establecido entre Irak y Siria lo hace desde las suras y
los hádices, o sea aplicando literalmente los 114 capítulos del Corán y las
acciones y dichos atribuidos al profeta.
Como Mahoma fue también
combatiente y gobernante en un tiempo de guerras, y como los primeros califas
(Abú Bakr, Omar, Otman, Alí y los Omeyas) expandieron el Islam mediante la
conquista, esas páginas contienen relatos, simbolismos y proclamas guerreras.
Por eso, como en otras religiones, fueron cruciales los teólogos que
interpretan en distintos tiempos y circunstancias los textos sagrados del
Islam.
Pero otros teólogos, como
Muhammad ibn Abd al-Wahab, consideraron que toda interpretación del Corán y de
los hádices es una tergiversación. De aquel predicador del siglo XVIII viene el
wahabismo, vertiente coránica oficial en Arabia Saudita y fundamento ideológico
de Al Qaeda y del EI, aunque en una versión aun más extrema.
Para esa versión,
chiitas, alauitas y drusos profesan herejías que deben ser erradicadas en
tierras mahometanas, mientras que el cristianismo de caldeos, asirios y
siríacos, además de los cultos pre-islámicos como el yazidismo, son creencias
«infieles» que también deben ser exterminadas.
Como el emperador
bizantino que devolvió a Bulgaria un ejército de ciegos, el cuchillo yihadista
decapita para aterrorizar. A su cruzada la sobrevuela el pasado remoto. También
recientes siglos plagados de tiranías, invasiones y guerras, además de un
presente mundial ensombrecido de incertidumbres y fanatismos inquietantes.