¿Cómo se vinculan el deporte más hermoso
del mundo con las aberraciones del nazismo? Una respuesta a esto -y mil
preguntas- la da una muestra que se exhibe ahora mismo en el Museo River.
“No fue un juego” es la recopilación de
once historias de supervivencia y resistencia ocurridas durante el Tercer
Reich. Hay casos espeluznantes como el de Matthias Sindelar, el máximo ídolo
del seleccionado de Austria que en 1938 se negó a jugar para Alemania tras la
anexión de su país al Tercer Reich. Un año más tarde, la estrella del Austria
Viena apareció muerto en su casa por inhalación de monóxido de carbono. Su caso
nunca fue esclarecido.
La exposición surgió de manera curiosa. El
partido entre Ajax de Amsterdam y Schalke 04, por los cuartos de final de la
Europa League de 2017, inspiró la idea: el club asociado a la colectividad
judía de Holanda se enfrentaba al equipo alemán, el favorito de Adolf Hitler,
ganador de seis campeonatos sobre nueve entre los años ’30 y ‘40, en pleno auge
del nazismo. Leonardo Albajari, periodista deportivo y docente de la
Universidad Católica tuvo la sensibilidad de detectar historias de vida más
allá de una pelota de fútbol.
El resultado de aquel partido era lo de
menos (Ajax avanzó a semifinales). Albajari se comunicó con el Museo del
Holocausto, que inmediatamente se sumó a la iniciativa. Ahora, cuenta con el
apoyo de las embajadas de Alemania, Austria, Israel y Polonia.
“Leo vino con la propuesta y nosotros le
dimos asesoramiento. La idea es promover la temática a un público que
naturalmente no se acerca a investigarla. Confiábamos en que iba a tener
repercusión por el fútbol ya que el nazismo sigue estando presente”, cuenta
Jonathan Karszenbaum, Director Ejecutivo del Museo del Holocausto.
Y el tema pegó: la muestra estará en River
hasta el 15 de mayo pero Racing y San Lorenzo también se interesaron en
mostrarla, al igual que varios establecimientos educativos, instituciones y
clubes del interior. También hay pedidos de universidades de Brasil e Israel
para hacerla más adelante.
Allí, el visitante se
enterará de casos como el de la Liga Terezín (1942-44) en el campo de
concentración de Praga, en la actual República Checa, donde el fútbol se
exhibía como elemento de propaganda nazi para mostrar ante la Cruz Roja
Internacional “las buenas condiciones” que se encontraban los judíos deportados.
Los documentos de la época dan cuenta de
que en ese campo de concentración el fútbol significaba el único momento de
esparcimiento para sentirse vivo, jugando en condiciones infrahumanas. Allí
murieron 33.000 judíos y otros 90.000 fueron trasladados a otros campos de
exterminio.
Tal vez, el caso más cercano haya sido el
de Emérico Hirschl, el húngaro de origen judío que logró escapar de la Segunda
Guerra. Fue preparador físico y el primer director técnico extranjero en el
fútbol argentino. Dirigió al “Expreso” de Gimnasia y Esgrima La Plata y también
a River, siendo uno de los promotores de “La Máquina”, campeón en 1936-37.
Pero su lado oculto es mucho más
inquietante. Haciendo gala de su influencia en el fútbol, acudía con frecuencia
al puerto de Buenos Aires para hacer bajar a los judíos de los barcos en forma
clandestina. Hirschl fue un héroe para la época ya que iba a contramano de un
decreto argentino que negaba visas a toda persona “indeseable o expulsada” de
la Europa nazi.
En el Museo River también hay diarios
deportivos austríacos con propaganda nazi, fotos de equipos femeninos y de
niños jugando en la preguerra, testimonios recogidos del diario de Ana Frank,
fragmentos de la tremenda obra del escritor italiano Primo Levi, el reglamento deportivo
de la Alemania nazi y una réplica de la camiseta del Makabi Warzawa de Polonia
(1938).
“La muestra tiene una función educativa en
un terreno que no estaba explorado. Se pueden modificar ciertas actitudes, y
esto viene a contribuir a la mala utilización del fútbol. Es el resultado de un
proceso histórico para que la gente conozca la temática”, subraya Albajari.
Además, una pelota bañada en sangre, otra
con alambres de púa, un balón con esvásticas y otro con la insignia amarilla
para marcar a los judíos en el nazismo fueron ilustradas por Jorge Meijide,
Diego Rodríguez, Augusto Costhanzo, Sergio Lenger, Rica Núñez y Gustavo
Nemirovsky para reflejar la crueldad del Tercer Reich durante la Segunda Guerra
Mundial.
“No fue un juego” invita a la memoria y a
la reflexión en torno al racismo y las atrocidades cometidas durante la Shoá
(Holocausto). Para crear conciencia a través del futbol en el año del Mundial
de Rusia, a 40 años del Mundial ‘78 -plena dictadura militar- y, sobre todo, al
cumplirse 80 años de la mayor manifestación nazi celebrada en el Luna Park (10
de abril de 1938), el acto antisemita más importante realizado fuera de Europa.
Cuando el nazismo manchó la pelota
26/Mar/2018
Clarín, Por Maximiliano Kronenberg