Con Ahmadinejad no parece el mejor momento

20/Sep/2010

El País, Que Pasa

Con Ahmadinejad no parece el mejor momento

«Con Ahmadinejad no parece el mejor momento»
La cuestión. ¿Qué posibilidad hay de que Irán alivie su régimen y mejore el vínculo con Occidente?
La respuesta / Irán
Titulado con un nombre simple, Irán (Turner, 620 pesos), este libro de Michael Axworthy tiene una ambición enorme: contar la historia de ese país «desde Zoroastro hasta hoy». Es mucho pero es a la vez útil para aquellos que busquen entender a una de las naciones protagonistas de estos días. A menudo mostrado como un mero nido de villanos, Irán es una potencia con gestos democráticos en medio de una férrea teocracia. Una de las tantas contradicciones que este agradable libro consigue interpretar sin revelar demasiado ninguna parcialidad.
Una de las pautas de la historia de Irán es que tiende a pasar del caos a la autocracia, para volver de nuevo al punto de partida. Desde luego, hay hechos sobrados para respaldar esa opinión de que un clima de mayor libertad política puede ser el desencadenante del caos. Sin duda, en el actual régimen iraní hay políticos pragmáticos que recurren a este argumento para que las cosas sigan como están. La crisis del movimiento reformista de 2000, seguida de la mordaza impuesta a la prensa, bien puede interpretarse como un episodio más de esos ciclos, y ahora son muchos los jóvenes iraníes a los que el fracaso de Jatami ha empujado a la indolencia y el nihilismo. Pero no creo que hayamos de conformarnos con esa visión determinista. En Irán está en marcha un cambio social y político real, un proceso al que no es ajeno ese afán natural de la población por adquirir mayores conocimientos, niveles de educación superiores y más libertad. En el siglo XVII, muchos europeos pensaban que Inglaterra era un país caótico e ingobernable, poblado por gente violenta y fanática que reclamaba la cabeza del rey. Un siglo más tarde, Gran Bretaña, como país libre dirigido por un gobierno constitucional, se erigió en modelo que imitar.
(…) Con Ahmadinejad en el poder no parece el mejor momento para que se produzca un acercamiento de posiciones entre Irán y Occidente. Les guste o no, sin embargo, tanto Estados Unidos como Gran Bretaña precisan de la ayuda iraní no sólo en Irak y Afganistán, sino en toda la región. Si tenemos en cuenta que Irán ha sido el país más beneficiado por el derrocamiento de los talibanes y Saddam, sus eternos enemigos no hay otra conclusión posible. Es cierto que el actual gobierno de Irán dista mucho de ser perfecto, pero hay otros gobiernos en Medio Oriente que son igualmente reprobables, incluso peores desde la perspectiva de los derechos humanos y la democracia. Sin embargo, no tenemos escrúpulos en considerar a estos países como aliados cercanos. Para que resulten eficaces, las negociaciones con Irán deben ser de igual a igual, dispensándole el trato que corresponde a un país que queremos socio y no instrumento circunstancial para objetivos espurios como tantas veces ha sucedido en el pasado. Probablemente nos sorprendería de lo lejos que puede llegar la línea dura del régimen iraní en la aceptación de semejante planteamiento. Las decisiones que se toman en Irán no dependen solo de Ahmadinejad, que, según el sistema de gobierno iraní ocupa un puesto menos importante de lo que puede parecer a simple vista.
(…) Otros aspectos de la situación que vive actualmente Irán no son tan halagüeños. Las detenciones de mujeres y profesores invitados en la primavera de 2007 supusieron un paso atrás. Al mismo tiempo se multiplicaron las detenciones por «incorrecciones» en la indumentaria femenina -que habían disminuido notablemente durante el gobierno de Jatami-, así como las acciones destinadas a reprimir los llamados actos inmorales en público. Se han disuelto manifestaciones pacíficas, y muchos de los participantes fueron detenidos y condenados a la cárcel. Resulta especialmente lamentable que el presidente de un país tan rico y vasto, y con tan arraigada como importante presencia judía, organice por mero afán de notoriedad una conferencia para dar voz a vesánicos negacionistas del Holocausto llegados de todo el mundo.
El antisemitismo nunca ha sido un fenómeno exclusivo de Europa y, hasta cierto punto, los actuales conflictos entre musulmanes e israelíes en Medio Oriente son un residuo, limitado a un punto geográfico concreto, del antiguo problema de los dimmíes («protegidos»; judíos y cristianos residentes en Estados islámicos). No obstante la necesidad de encontrar una solución al sufrimiento del pueblo palestino no pasa, como sostiene Ahmadinejad, porque los israelíes vuelvan a su antigua condición de víctimas y ciudadanos de segunda en Medio Oriente. Eso más que un posicionamiento político, es una burla al sentido común.
Conocedor
Michael Axworthy fue delegado de la Commonwealth en Irán. Actualmente ejerce como director del centro de estudios persas y del iraní en la Universidad de Exeter.