JAVIER HERRERO
No es el caso del
canadiense, que manifiesta una creatividad pasmosa en un nuevo álbum que no
tiene nada de trámite. Popular problems (Sony Music) es la colosal sorpresa con
la que el autor de la inmortal Suzanne, en un giro del protocolo cumpleañero,
premiará a su público el próximo 23 de septiembre, dos días después de alcanzar
las ocho décadas de existencia.
Llegará tras una
confirmación relativamente reciente y casi inesperada, pues se desconocía que
estuviera trabajando en un nuevo álbum, hasta que lo anunció este verano boreal
el responsable de la fiable y conocida página de internet Leonard Cohen Files,
con la que a menudo ha colaborado el artista.
Su lanzamiento, dos años
después de Old ideas (2012), que ya fue recibido como un regalo y probable
última pieza de su legado musical, refleja el gran estado de salud física y
mental que atesora Cohen pese a su edad, como se hizo patente en su última
gira, con veladas antológicas de más de tres horas de duración.
Hay que remontarse a 2004
y Dear Heather para encontrar otro disco de estudio en su producción. Las
circunstancias que le han rodeado en los últimos años son peculiares y explican
este renacimiento musical.
Es de sobra conocido que
su retorno a los escenarios vino precedido por la bancarrota en la que le sumió
la negligente gestión de su exrepresentante y amiga Kelley Lynch, que en
secreto y durante largo tiempo desvió dinero a sus propias cuentas y que en
1996 había comenzado a vender los derechos de autor de Cohen sin su
conocimiento.
Es también de dominio
público que el carácter taciturno del autor derivó varias veces a lo largo de
su vida en períodos más o menos largos de depresión, una lacra de la que se
libró a fuerza de sumirse en la filosofía zen en los últimos tiempos. Según ha
declarado el propio artista, fue a sus setenta y tantos cuando, enfilando ya
«el camino de vuelta a casa» y sumido de nuevo en el trabajo, se dio
cuenta de que no tenía mucho tiempo que perder.
«No tengo ansias de
retiro», declararía en entrevista posterior, dando pruebas de que el viejo
poeta de voz cavernosa aún tiene mucho que rasgar.
El disco Popular problems
revela ese estado de ánimo y disposición a lo largo de nueve canciones
producidas por Patrick Leonard, colaborador de artistas muy diversos como
Madonna (Like a prayer, Frozen) o Roger Waters (Amused to death), con el que ya
había trabajado como músico y coautor en varios temas de Old ideas.
«A la vejez,
viruelas», debió pensar Cohen, que echa mano de esa capacidad suya para la
sugerencia amorosa y sexual en el corte inicial, Slow, arropado por el coro
femenino que le escolta a lo largo de todo el álbum. «I`m slowing down the
tune, I never liked it fast, you wanna get this soon, I wanna get the last,
it`s not because I`m old, (…) I always liked it slow, that what my mamma
said», canta. De forma resumida, algo así como: «No es porque sea
viejo, siempre me gustó despacio, eso es lo que decía mi mamá».
El primer sencillo,
Almost like the blues, es puro Cohen también, inscrito en esas coordenadas
musicales del título, con una mirada a la marginalidad y la religión que se
repite en el emotivo corte siguiente, Samson in New Orleans, con una bella
línea de violín. Con Did I ever love you retorna el amante granuja a lomos de
una prosa irónica y un folk trotón que irrumpe de improviso en la narración,
mientras que My oh my devuelve el disco a la senda del «blues», con
un pequeño impulso de metales y un gran empujón de esa voz que suena tan
expresiva como en sus mejores momentos.
Se cuelan en el
repertorio al menos dos piezas interpretadas en viejas actuaciones y que se
quedaron fuera de Old ideas: A street, un relato de amistad y traición, del fin
de la inocencia en definitiva, recitado en 2006, y Born in chains, un canto de
querencia góspel, prácticamente navideño, estrenado en 2010.
Nevermind permite
comprobar una vez más que su garganta mantiene intacta la sensualidad. Como
decía Anna Calvi de Marianne Faithfull, Cohen podría cantar recitando una lista
de supermercado «y todavía sería increíble». Y como no todo es
recitar, al final del todo eleva lo justo la voz para cantar suavecito al amor
en You got me singing.
Parece que no habrá gira
en 2014 y ni siquiera se sabe si en algún momento habrá una gira para presentar
en vivo este material, pero su sola publicación es un regalo con el queel
Premio Príncipe de las Letras 2011 muestra una vez más su grandeza.
Cohen celebra sus 80 años con un disco
12/Sep/2014
El País