Dos exposiciones coordinadas, poco felizmente tituladas Gurlitt: informe de situación, una aquí, en Berna –Arte degenerado–, la otra en el museo Bundeskunsthalle de Bonn, Alemania –Robo de arte por los nazis y sus consecuencias–, exhiben hasta el 11 de marzo 200 de las más de 1.500 obras acumuladas por el fantasmal ermitaño alemán Cornelius Gurlitt. Cuando ese tesoro saqueado saltó a la luz hace pocos años, el descubrimiento fue noticia de primera plana en los medios y le hizo la vida imposible a Gurlitt, que murió poco después, a los 81 años, dejando su colección al Kunstmuseum de Berna, y tras de sí, un reguero de preguntas sin responder.
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