El tema del conflicto entre la razón de Estado y el derecho del individuo es tan viejo como la cultura humana. Ya Sófocles, en Antígona, lo planteó de manera descarnada; Antígona tiene la obligación moral de enterrar a su hermano Polinices, muerto durante el sitio de Tebas, pero el Estado presidido por el rey Creonte lo ha prohibido por el rey Creonte lo ha prohibido, y quiere que el cadáver quede en el campo de batalla como pasto de los cuervos y los perros. Heroína trágica por excelencia, Antígona debe optar entre su conciencia y su obligación de obedecer la ley; y opta por la primera, pese a que ello le cuesta la vida. Una perfecta demostración de la vigencia de esta disyuntiva se dio en Francia a finales del siglo XIX con el llamado caso Dreyfus. Y no se trataba aquí de ninguna ficción dramática, sino de hechos reales que comprometían el destino de muchas personas.
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