Todo el mundo da por supuesto que el eficaz ejército israelí nunca será derrotado. Que podrá vencer o igualar, pero nunca caer frente a los enemigos que enfrenta desde hace 66 años. Incluso en otros momentos hubo de hacerlo con las fuerzas de cinco Estados, de los que hoy casi ninguno estaría en actitud beligerante, por lo menos abiertamente. En la actualidad los riesgos no provienen tanto de los Estados en forma oficial como de las organizaciones terroristas del fundamentalismo islámico, que se bendicen en las mezquitas, se proveen de soldados en las escuelas y se financian con las actitudes duales de esos mismos Estados. Como se da por supuesta su superioridad, nadie se ubica en la hipótesis de que ese poderoso ejército pudiera ser derrotado. No estamos hablando de que Israel fuera borrado de la faz de la tierra, tal cual proclaman los jihadistas, pero imaginémonos que pudiera perder el Golán o parte de Jerusalén, por ejemplo.
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