Nunca quedará claro si a la obra de un escritor prolífico conviene mirarla desde abajo o desde arriba. Dicho de otro modo: si es más esclarecedor leerla desde sus inicios para remontar la cuesta hasta sus últimos libros y descubrir cómo se fue perfilando o, por el contrario, leerla desde el final para descender la corriente y llegar a la revelación de los orígenes. El caso de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) no propone una solución a ese dilema. Las obsesiones de sus libros son tan reiteradas que, parecería, podría evitarse cualquier orden y comenzar in medias res. Sin embargo, aunque se lo puede pensar autor de una sola obra sometida al arte del contrapunto, sus libros del principio y los del final están lejos de ser idénticos.
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