El 18 de julio de 1994, un coche bomba conducido por un chofer suicida impactó en el frente del edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Murieron 85 personas y hubo más de 300 heridos. Fue, entonces, el mayor atentado ocurrido en el mundo occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el prenuncio de una ola de terrorismo internacional que llegaría hasta el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
La investigación local, plagada de irregularidades, terminó en un fallo absolutorio de los 22 sospechosos de participación y/o encubrimiento por falta de pruebas en septiembre de 2004. Ese año, en sustitución del juez Galeano, el Gobierno designó a Alberto Nisman como «fiscal especial a cargo de la causa AMIA» y la Corte Suprema de Justicia declaró su imprescriptibilidad.