Esta es la historia de una discreta lápida, de una pequeña muestra del inagotable patrimonio histórico de la ciudad de Barcelona que, hace pocos días, acaba de recuperar la dignidad que algún necio, escondido en el anonimato y armado de un spray de pintura y de la más absoluta intolerancia, le arrebató por última vez hace unos cinco años utilizando una inconsistente cobertura ideológica. El Ayuntamiento, por orden del teniente de alcalde de Cultura, Jaume Ciurana, ha borrado por fin la pintada («Palestina libre») que ensuciaba la traducción sobre el muro que, en 1820, se hizo de la inscripción hebraica –una copia del original del siglo XIV– incrustada en el exterior de una finca medieval de la calle Marlet.