Los hechos lo demuestran: la libertad es uno de esos placeres del que se habla mucho y se disfruta poco. Lo saben los países donde ha escaseado o sigue faltando esa facultad de hablar, escribir, actuar o moverse según la voluntad propia y no las órdenes ajenas. Cuando se repasa el curso que han seguido unas cuantas naciones contemporáneas (Alemania hasta 1945, España hasta 1975, Italia hasta 1943, Rusia hasta 1991, Brasil hasta 1985, Chile hasta 1997, Argentina hasta 1983, Uruguay hasta 1984) se comprueba que las interrupciones pueden ser largas además de graves, confirmándose de paso lo dificultosa que puede ser su recuperación y el costo que ha tenido la experiencia de perderla.