Mis 2.735 kilómetros a lo largo de Irán empezaron con un vertiginoso himno a Estados Unidos, reforzando mi opinión de que, a nivel del pueblo, esta puede ser la nación más pro estadounidense en Medio Oriente. «¡Amamos a Estados Unidos!» dijo con entusiasmo un ex comando militar, actualmente vendedor de ropa, en mi primera noche en el centro espiritual de Mashhad. Estaba tan eufórico que pensé que iría a abrazarme, y si bien reconoció que su negocio estaba sufriendo enormemente a raíz de las sanciones occidentales, responsabiliza a sus propios dirigentes.