La huella de la historia está grabada en grietas sobre las manos de los primeros colonos judíos de Montefiore y Ceres. No son arrugas y no parecen manos. Porque allí se dibujan caminos de desarraigo y sacrificio, y porque las extremidades adquieren el valor de una herramienta de trabajo para gestar un futuro. El festejo por el centenario de la colonización judía de Montefiore sirvió para celebrar la vida y la lucha de esta comunidad que llegó a estas áridas tierras del noroeste santafesino en 1912.