El doctor Kien, personaje principal de Autodafe, la novela de Elías Canetti que le valió el Premio Nobel, es sinólogo, lo mismo que el doctor Albert, personaje secundario de “El jardín de senderos que se bifurcan”, narración de Borges incluida en Ficciones. La novela de Canetti es del ’31, el cuento de Borges del ’41, pero no creo que haya entre ambas ideas acerca de la profesión de los respectivos personajes nada más que una semejanza, a ambos les debe haber resultado atractiva esa curiosa especialidad tal vez porque en ambos casos se trata de bibliotecas. El doctor Kien tiene una muy impresionante, lo mismo que el doctor Albert: el tema, la biblioteca, promete una infinitud, y en la cultura china es insondable y los libros que la recogen son múltiples. Borges, es notorio, asimila la biblioteca al laberinto, pero también la imagina como modelo del mundo y, se podría añadir, como destino: basta recordar su primer empleo, en una biblioteca modesta, y luego, en la Nacional, una mucho mayor, de vastos anaqueles y de resonancias incesantes. Canetti no va tan lejos en su novela, simplemente vincula la obsesión bibliotecaria con una curiosa idea de alienación. Y en eso consiste su relato: el doctor Kien es expulsado de su casa, y de su precisa biblioteca, por una mujer terrible pero, en su kafkiano vagar, se lleva en la cabeza todos sus libros.
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