Para agradecer el homenaje que su logia le rindio, en su septuagésimo cumpleaños, Freud respondio con las siguientes palabras:
¡Ilustrísimo gran presidente, ilustres presidentes, queridos hermanos!Gracias por el honor que hoy me habéis demostrado. Sabéis todos por qué no puedo responderos con el sonido de mi propia voz.Habéis oído hablar de mi labor científica a uno de mis amigos y discípulos; pero es difícil abrir juicio sobre estas cosas, al punto que quizá por mucho tiempo no se pueda pronunciarlo con certeza. Permitidme agregar algo al discurso de aquel que es también mi amigo y solícito médico.