La revelación tardía de la existencia de una célula de ultraderechistas que durante años asesinó a inmigrantes por todo el país hizo que Alemania decidiera activar un registro central de neonazis, similar a los controles que hay sobre terroristas islámicos. El ministro del Interior, Hans-Peter Friedrich, declaró que el caso de la autodenominada Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU) «abrió los ojos» y evidenció la necesidad de dotarse de un registro que permita cruzar los datos de los 36 estamentos policiales y servicios secretos.