Un fuerte vendaval azota desde hace varios días la política francesa. Su nombre es Marine, Marine Le Pen. Y el temporal, a un año de las elecciones presidenciales, amenaza con causar graves daños. La nueva presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), con su renovada imagen y sus viejas recetas, ha conseguido llevar el debate político a su terreno y ha empezado a escalar de forma vertiginosa en los sondeos de opinión. Algunos avezados analistas, como el veterano Alain Duhamel, ya lo habían vaticinado cuando la hija del furibundo fundador del FN, Jean-Marie Le Pen, tomó el relevo de su padre el pasado mes de enero: “Es igual de dura, pero más temible”, dijo. Ha empezado a demostrarlo.