El desenlace de la Primera Guerra Mundial alteró drásticamente el mapa político de Europa. Cuatro grandes estructuras imperiales desaparecieron: el Segundo Reich Alemán; la Monarquía Austro-Húngara, el Imperio de los Zares y el Imperio Turco Otomano. La conferencia de Paz de Paris, destinataria de numerosas reivindicaciones irredentistas, modificó fronteras y dio nacimiento a nuevos Estados, basándose en el principio de la autodeterminación de las naciones. Pero la imposibilidad de encuadrar dentro de sus límites a poblaciones étnicamente homogéneas generó un problema serio en la Europa de la época: asegurar la protección y los derechos de las minorías étnicas dentro de los Estados mayoritarios.
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