La noche anterior a la excursión a Auschwitz, nos reunimos en un bar del barrio judío de Kazimierz, en Cracovia, con un grupo de septuagenarios judíos que vienen peregrinando desde distintas capitales de la diáspora en busca de las raíces de sus vidas: el “viaje de contacto con el territorio ancestral” es la vertiente del turismo autobiográfico planificado que –viajando por Europa central– nos cruza con sus fieles en cada sinagoga y cementerio visitado (en Praga, Budapest o Cracovia).