Al comenzar el Año Nuevo Judío en septiembre pasado, Abbas hizo una larga declaración, muy alejada de la paz y del bienestar de nadie. Dijo públicamente: “Cada gota de sangre derramada en Jerualem es pura, todo mártir alcanzará el paraíso, y cada persona lesionada será recompensada por Dios”. La realidad indica que desde el momento en que Abbas hizo esa declaración impropia de quien al menos cree que dirige un gobierno, lo que sucedió fue muerte y violencia, consecuencia casi automática de la incitación.
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