La metáfora es apta para describir las dos cabezas que han estado gobernando al pueblo palestino durante la última década: la cabeza de Fatah -laica, nacionalista, negociadora- y la cabeza de Hamas -fundamentalista, islamista e intransigente-. La fractura política y geográfica entre Gaza y Cisjordania ha sido espejo de una oportunidad y un desafío para Israel. La duplicación de cabezas en el cuerpo político palestino ha debilitado la amenaza de un frente unificado en un escenario de confrontación, pero a la vez, ha afectado las posibilidades de un proceso de paz en un escenario de negociación, al erigirse ante Israel una entidad bicéfala con ideas distintas y en permanente estado de tensión respecto de la coexistencia palestino-israelí.