Alemania está llevando ante la justicia a los últimos nazis con vida, desde que en 2011 un fallo histórico permitiera condenar a cómplices del Holocausto y no solo a altos mandos. No se trata de altos cargos, pero su mero trabajo en los campos de concentración los hace cómplices, en ocasiones, de cientos de miles de asesinatos. Más de 70 años después del final de la II Guerra Mundial, es justicia tardía. Pero los supervivientes la aplauden.