El primer día de septiembre de 1939, las tropas del Tercer Reich hitleriano invadieron Polonia, trágica alzada de telón de la segunda gran guerra. Juan, antinazi furioso, abandonó los pollos y la conserjería del hotel para unirse a los aliados. Pero… ¿cómo? Porque no era un hombre de armas… Decidió ofrecerse como espía al bando británico a través de Lisboa, donde le tradujeron a la lengua de Shakespeare su carta de presentación al MI5, el servicio de Inteligencia. Pero no le creyeron… Decidido a ser espía a toda costa, probó suerte en el campo nazi, ¡y la tuvo! Pero fue un golpe de fortuna inducido no por el azar sino por un plan –su rito de iniciación– que burló al Abwehr, el servicio de inteligencia alemán.