El 5 de mayo de 1940, cuando las hordas nazis caen sobre Holanda y la ocupan a su modo (sangre, muerte, asesinatos en masa de judíos, hombres y mujeres obligados a trabajos forzados), no pueden encontrar un terreno menos hostil. El Reino de los Países bajos no ha guerreado en los últimos ciento veinticinco años. Sus soldados son apenas un símbolo. Ese pueblo eligió luchar por su libertad del único modo posible: sin armas –no las tenía–, con inteligencia, astucia, sin violencia, ejerciendo resistencia pasiva en cada rincón.