Los crímenes del terrorismo yihadista prueban que no es suficiente ennoblecer una norma ni jerarquizar un valor para que todos los obedezcan. Lo que en el sentimiento nos surge como revelación natural, en el fluir de las ideas nos brota luminoso y en el rigor lógico nos resulta irrebatible, eso que nos vibra como evidencia palmaria, puede ser pisoteado por poseídos que cierran a cal y canto el camino a la razón.