No les interesa ni el arte ni el conocimiento, solo la posesión. Y la posesión tiene un valor. Esa lógica es la que está detrás del tráfico de antigüedades u obras de arte del Medio Oriente. Quizás hoy no haya en el mundo un lugar tan jaqueado por mercaderes del arte como Irak, Libia o Siria. El mercader puede llevar gente desde Turquía a Grecia u obras de arte que terminan financiando el Estado Islámico. Más todavía: coleccionistas privados de arte encargan piezas exclusivas al Estado Islámico y los yihadistas venden hasta trozos de ciudades históricas destruidas por las hordas con banderas negras.