Dos tipos de comentarios son usuales hoy en día cuando se habla del Estado Islámico. Los primeros se inclinan al azoro y lo describen con la estupefacción de quien detalla una experiencia onírica: avanzan y depredan sin freno, cuando no aniquilan a los pobladores los obligan a adoptar leyes y costumbres bárbaras, en cosa de días sumergirán a la región en llamas y etcéteras. La segunda clase de comentarios pretende un poco más de rigor al desplegar soluciones que van desde la comodidad de invocar a Naciones Unidas (como si no estuviera suficientemente asfixiada por el peso económico de procurar a cientos de miles de refugiados) hasta la ocurrencia magistral de formar de la noche a la mañana fuerzas militares multinacionales.