Altas fuentes de defensa aseveraron que el grupo islamista Hamás arrestó a los terroristas responsables del disparo de un proyectil de mortero que estalló entre los Consejos Regionales Eshkol y Sdot Negev, en la frontera con Gaza.
Altas fuentes de defensa aseveraron que el grupo islamista Hamás arrestó a los terroristas responsables del disparo de un proyectil de mortero que estalló entre los Consejos Regionales Eshkol y Sdot Negev, en la frontera con Gaza.
Mientras que la victoria tiene mil padres, la derrota es siempre huérfana. Tal idea vino a mi mente mientras veía las declaraciones recientes del líder de Hamas, Ismael Haniyeh, jactándose en Al-Manar (el canal de televisión de Hezbollah en Líbano) de la “victoria histórica” de su grupo en la reciente mini-guerra con Israel.
Dos tipos de comentarios son usuales hoy en día cuando se habla del Estado Islámico. Los primeros se inclinan al azoro y lo describen con la estupefacción de quien detalla una experiencia onírica: avanzan y depredan sin freno, cuando no aniquilan a los pobladores los obligan a adoptar leyes y costumbres bárbaras, en cosa de días sumergirán a la región en llamas y etcéteras. La segunda clase de comentarios pretende un poco más de rigor al desplegar soluciones que van desde la comodidad de invocar a Naciones Unidas (como si no estuviera suficientemente asfixiada por el peso económico de procurar a cientos de miles de refugiados) hasta la ocurrencia magistral de formar de la noche a la mañana fuerzas militares multinacionales.
Que hoy exista una muy aparente y más que frágil tregua entre Israel y el grupo terrorista Hamas, y que el foco de atención pública esté dirigido a ver qué hacen 40 países contra el Califato medieval instalado en Irak y Siria, no quiere decir que lo que haya sucedido hace un mes o dos se desvaneció en el túnel del tiempo.