Es uno de los libros más reproducidos y enigmáticos de la historia. Sus textos esconden códigos, dobles sentidos, leyendas y datos reales que bien podrían conformar la mayor de las novelas jamás escrita. Muchos interpretan sus líneas al pie de la letra, otros las juzgan con ojo crítico y hay quien hasta asegura que en su interior se cuenta el porvenir de toda la humanidad. Hablo, claro está, de la Biblia. Y hay pocas personas que la conozcan tan a fondo como la escritora leonesa Celia Ropero, que a finales del pasado año publicó el primer Diccionario Toponímico del Antiguo Testamento, un ejemplar único que recoge todos los lugares físicos de los que se habla en las escrituras hasta el Nuevo Testamento, los nombres de mujeres y los gentilicios.
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