En un mundo complejo y cuánto más en una ciudad maravillosa como Praga, es imprescindible diferenciar el brillo de la oscuridad. La capital checa tiene un devenir histórico propio, a pesar de haber sido una provincia más del extenso y prolongado imperio austro-húngaro. Visitarla implica sostenerse de un metrónomo emocional, a veces con movimientos de mayor intensidad pero nunca estable.