Mientras Roosevelt y su New Deal trataban de recuperar a Estados Unidos del crac del ’29, un hijo de inmigrantes judíos llamado Saul Shainberg se animó a abrir en Memphis, Alabama, una tienda llamada Blanco & Negro. Cualquiera que haya fatigado la provincia de Buenos Aires en los últimos cincuenta años entenderá el concepto: las tiendas Blanco & Negro vendían desde mamelucos de trabajo a vestidos de novia, de hilo de coser a soga gruesa, a precio accesible. Tiendas igualitarias era el nombre técnico, que nunca llegó a cuajar en el imaginario popular. Pero en Memphis, en los años ’30, una tienda llamada Black & White no era buen negocio. “Para el caso, mejor ponerle Brown, que sí es un buen nombre para una tienda, y mucho mejor para una cadena de tiendas”, le dijo a Saul con un guiño un compadre suyo, a la salida de la sinagoga de Memphis. Qué escena: una sinagoga al sol, en tierras del KKK, en tiempos del New Deal, y por si eso fuera poco, en breve entra el zen en esta historia.
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