He llegado a un tiempo en mi vida en que, una vez al año, quiero y necesito escribir sobre Ierushalaim; aun con el riesgo de repetirme. Para nuestros fieles lectores un año seguramente no supone una redundancia, tal vez, a lo sumo, una lectura más sobre un mismo tema. “Más” en el estricto sentido de “suma”, no de exceso. Después de todo nuestra tradición puede definirse como una suma de lecturas, todas diferentes, año a año, en torno a los mismos eventos. Quienes impusieran en su momento la celebración del “Día de Jerusalém” celebrando su unificación en 1967 siguieron los pasos de nuestros antepasados: sigue dando sabios el tiempo.